lunes, 22 de abril de 2013

¡Mami, tú eres mi novia!

Mi hijo esta enamorado de mi. Y lo digo tal cual. Con rotundidad apabullante y demoledora.
Me he convertido en la mujer de sus sueños; en su diosa de mitología griega; en su superheroína de cómic. He superado, con nota, a su idolatrada Dora la exploradora, que para él; es el "Must" del erotismo y la propensión a los placeres carnales. Si. Soy lo más parecido a una mujer de portada de  "playboy", o eso me imagino yo, cuando me dice: 
"mami, dame un beso", y el muy canalla, con pérfida intención, con ojos lascivos y sonrisa picarona; y yo, su madre entregándome a la buena fe a las buenas intenciones por congratular su libre albedrío y afán de deseo vehemente, babeando porque las flechas de cupido, o la ceguera de madre, me nublan el entendimiento cada vez que oigo a mi "canijo" pedirme un "bacio", mi voluntad es francamente, débil, endeble y laxa, termino acercando mi cara, cerrando los ojos con el deleite de la que espera una inusitada sorpresa, sacando morritos como una auténtica "cani", para ¡Zas! Al igual que Afrodita cuando Efesto, su marido, le puso una trampa que la dejó atrapada, junto a Ares (su amante), en una red mágica; aquí, la candidata a "playmate" del mes, cae en la red mágica de Poseidón, alias "canijo lengua jirafa". Si, señores y señoras. El lengua escopeta, ni corto ni perezoso, cuando me tiene cerca, como el león de su presa, abre su hocico e ipso facto comienza a dar garbeo a su músculo bucal con una serie de giros de izquierda a derecha refregándose en la boca de la que suscribe. Pero el muy ladino, con la perspicaz, avispada y despabilada agudeza que le caracteriza, para salir indemne de terreno de bienquerencia e idolatría maternal, justifica, dicha escena, llamémosla: "tengo un edipazo que lo flipo", con la frase: "Mami, tú eres mi novia. Dame un beso de casarse." 
Su novia. Con sus tres años y medio dice que Mami, es su novia, su amiga y su madre. Bueno, corrijo: madre, NOVIA, amiga: el orden de los factores, puede, en este caso, alterar el producto. Tengo un  hijo muy moderno y muy "progre", que le vamos hacer. 
Sólo espero que no se repita la historia: "En la mitología griega, el Rey de Tebas, fue advertido por un oráculo de que su propio hijo le daría muerte. Para evitarlo, el rey lo abandonó en una montaña y el niño fue adoptado. De grande, sin saber quien era su padre, lo mató en una pelea y se enamoró de su madre..." 

martes, 29 de enero de 2013

De Blanca Nieves a Herodes, va un paso

Una mañana de desayuno maravillosa. En buena compañía. Hasta con apetito para devorar unas  deliciosas tostadas, las que desterré de paladar hace ya unos meses, con sensación de bienestar y conversación trivial: vacaciones navideñas, gustos culinarios, manías, costumbres...Hasta que la charla derivó en los hijos. 
¿Cuántos años tiene el canijo? 
Tres primaveras. Contesté.
Los míos: la primogénita, 27. Y el segundo, 24.
Los tienes criados.
Si, la verdad. Pero siguen siendo mis cachorros. 
Uf! ¡La cagaste Burlan Caster! Me llevé un chasco al oír esta frase engolada de emoción noña y de empalagamiento maternal: "con lo bien que me estabas cayendo, nena." Y pensé: "¿Por qué existe esa tendencia de algunos procreadores hacia los hijos, así tengan canoso el pubis, de seguir categorizándolos con sustantivos que, lógicamente bienintencionadamente y rebosando una exhorbitante bondad e inocencia, lo único que consiguen es quedar como, el culo, adoquín bambarrión en grado cum-laude? Me la imaginaba diciendo palabra tales como: "popó, nené, guá-guá, culetito....etc, etc..." 
He de confesar que a mi mini-yo le dieron ganas de roznarle, pensado que pecaba de precavida, tuve el decoro de amordazarlo dando paso a un involuntario, maquinal e instintivo...¡¡¡¡Joder, cachorros!!!! 
Lógicamente, mis palabras tuvieron su consecuencia. Indicándome que había traspasado esa delgada línea que existe entre  el amor y el odio más profundo e insondable, y que se resume con la frase: ¡¡¡¡Te votaste tía!!!!! 
Noté como se podía cortar el aire con filo de navaja. La expresión de su cara no era la de la apacible conversadora de hacía unos minutos. No. La de ahora, devoraba con la mirada. Sus órbitas eran encarnadas y los párpados se asemejaban a la de un traje de penitente. La dulce, confite y acaramelada Blanca Nieves se metamorfoseó en el perverso y depravado Herodes.
Rápidamente, comencé a generar adrenalina queriendo buscar un plan. ¡Ya lo tengo! ¡Era perfecto! Y muy original: resolvería de forma cortés y refinada mi contingencia, próxima a sufrir un daño, en un periquete: "pies para qué te quiero. Junto con la excusa, con actitud pusilánime, del: "Uy! No me acordaba, pero había quedado..."

Moraleja:
"Cuando queremos decir a alguien que no sea gazmoña, con expresiones tan poco afortunadas como ésta: “no seas tonta”, ¡sal pitando! O eso nos puede costar pasar de comer una manzana con Blanca Nieves a poner en manos de Herodes nuestra  cabeza.


viernes, 25 de enero de 2013

El canijo contraataca: Op op op gangnam style!!


No sé muy bien como empezar. Lógicamente por el principio. Pero lo curioso de esta historia, es que no he tenido conocimiento del principio hasta que, llámalo casualidad, potra, chorra, azar o destino. Vamos! Hasta que no lo tuve delante de mis napias. 

Ya sé, ya seeee. ¿De qué me puedo sorprender a estas alturas de la película con el canijo de las foles? De na! Pero es que esto supera ya todos los límites, fronteras, lindes, remates, topes, de la jeta, de la desvergüenza y del descaro. 

A ver, para que se entienda un poco más la cosa, diré que entre mis hobbies y mis grandes pasiones está la música. No me considero una persona que tiene o demuestre poseer unos sólidos y profundos conocimientos musicales, no. Ni mucho menos ser una melómana. Pero sí que soy bastante atípica, excéntrica e incluso peculiar en mi gusto musical. Me gusta la variedad: pero no creo en eso de "en la variedad está el gusto." No. "Mi variedad" no tiene nada que ver con los cuarenta criminales, ni el dial "España cañí", ni de música radiofórmula que ya fue, pasó, quedó...y que ya está bieeeeennn...Lo que aquí a la menda le gusta, no tiene nada que ver con lo comercial, conocido, acostumbrado y frecuente. De lo cual se deduce, que no estoy en la honda de lo que puede ser un boom de la, rehostia , pera en la escena musical que suponga una venta de millones y millones de copias vendidas a nivel mundial o galáctico. Mi época de hit parade tipo: Opus con su "life is life", toreros muertos y su "agüita amarilla", no me pises que llevo chanclas con "Japón" o el "aquí no hay playa" de los refrescos, forma parte ya de otra dimensión espacial e intergaláctica en mi ya casi próximas 40 primaveras. 

Con ésta pequeña y breve sinópsis sobre mi paladar musical, ya os podéis hacer una idea que una vez desenganchada y orientada mi oreja a otras lides de partitura en clave de sol y fa, reeducar al oído cuesta. Cuesta tanto, que ripia oír cualquier otra cosa llámese regueton, trigretón, boquerón, baile del caballo, del coreano o la madre que... 

Llámenme ignorante. Si, lo soy. Llámenme, sibarita. No, no lo soy. Es sólo que tengo dos oídos y quisiera conservarlos de por vida. Pero ahora, ahora que soy madre creo que debería haberles asegurado un ocaso. Mi hijo, les va ha dar santa sepultura. 

Todas, toditas las navidades ha estado con la canción de los  cojones melones. Mi permisividad tiene un límite: escuchar todas las santas pascuas a Pepe Benavente!!! Pero esto! Esto no se hace. Y encima cuando te viene sobrevenido, sin permiso, ni consentimiento. Cuando te enteras que alguien, cercano a tí, (no diré nombre, pero en cuanto lea esto va a saber que mis velas negras van dedicadas), lo está educando en las malas artes sonoras. No, no, no. Noooo hijo, nooooo!!

Y además, para mayor rechoteo, el canijo también sabe el baile. Abrasé visto baile más, más, más... coreano?


Total, que no me queda si no que danzar al ritmo de la noche y al ritmo del coreano como caballo oriental con mi canijo.

Op, op, op, op......!!!

lunes, 21 de enero de 2013

Un recuerdo una canción

Experimentar el poder evocador de la música puede ser una gran experiencia. Pero si además detrás de esa música, de esa canción, existe un recuerdo, una emoción, el efecto puede ser inefable. Soy de la opinión de que los recuerdos quedan adheridos, de alguna manera, a ellas. En mi vida, por ejemplo, hay unas cuantas que se han quedado ligadas, yuxtapuestas a mi retentiva. 

Un recuerdo de infancia. Sin apenas alcanzar culo en taburete, mi esqueleto desencajado se perturbaba con los argentinos Tequila con su insigne e inmemorial Rock and Roll en la plaza del pueblo o la rocanrolea, de machacón y pegadizo estribillo, "Quiero besarte" que me hacía perder el juicio que por aquel entonces me dada la ingenuidad de la niñez y por tanto pecar de imprudencia y  no menos, de vergüenza o pudor.

Un recuerdo adolescente. Pubertad. Crisis de la adolescencia con más cara que espalda. Aún recuerdo como le choteaba a mi madre con el temita de estar pasando, a mis 17 años, por una etapa un tanto truculenta hormonal y psíquicamente. "Tú tienes más cuento que Calleja", me repetía mi madre. Pues sí, mucho morro le echaba al asunto hasta tal punto que tuve la osadía, de mozuela caradura, de invitarla a la lectura de expertos y eruditos psicólogos para que entendiera cual era mi situación en aquel periodo dónde no sabes muy bien ni quién eres, ni a donde vas, ni qué carajao haces con tú vida; vamos, lo que viene siendo una crisis existencial. Ésta época de turbios, revueltos y complicados años (entiéndase por, potaje hormonal) pasé por distintos periodos musicales: Loquillo y los trogloditas, Madonna, la Polla récord, Kortatu, La Frontera...y así, muchísimos más. Y ahora que lo pienso,  potaje  hormonal y potaje musical, todo sea dicho.

Un recuerdo de vida, mi embarazo. A él lo acompañó uno de ésos tesoros sonoros marcándolo como sello de cardenal en sobre. Estuvo junto a mí los 9 meses de embarazo, -incluso cuando estaba en la cama del hospital esperando a que el canijo naciera-, y hoy he vuelto a recordarla volviéndome a emocionar; a sentir  el amor que por aquel entonces rodeaba mi vida; a sentir la emoción del que no tiene noción, a recordar cómo la música transporta a otra realidad por que la música es alma, es energía en estado puro.

Hoy tuve un recuerdo, una canción: la espera de una nueva dimensión,  MI HIJO!

Os dejo con ella:



sábado, 19 de enero de 2013

Tiempo y realidad

Todo tiene su tiempo. Y el tiempo depende de la realidad. Eso pensaba, ausente y abstraído, el curtido y laureado rey mientras disfrutaba de una de esas magníficas y ostentosas fiestas de palacio.
A su derecha, vestida de seda blanca, coronando su cabeza unas delicadas flores de jazmín blanco, la princesa estrechaba la tibia mano del que titubeaba con el tiempo.
El rey no hallaba modo de agradecer ese gesto de confidencia que era estrechar su mano
Es discreta e inteligente; es calma y prudencia; es cobijo bajo sabor dulce y denso del oporto; es princesa de mi tiempo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Espíritu de Navidad

He de darme prisa, quedan menos de 24 horas para que el cataclismo cosmológico sea un hecho: este viernes culminará, según los Mayas, la era actual ,que arrancó en el 3.114 A.C, dando paso al B´aktun uno de la era siguiente. 

(Nota: lo que me jode fastidia de éste inmediato y profético apocalipsis es que yo también presagiaba, vislumbraba mi destino como fastuosa multimillonaria justo el día antes de la lotería de Navidad. ¡No podía haber sido otro día! Para una vez que me lanzo al exquisito y atrayente mundo de la tradición y el arraigo navideño de los niños del San Ildefonso vienen los alienígenas filantrópicos a decirme que No, que mi sueño de poderío pecuniario será en otra centuria. Hay que joderse!) 

Con lo cual me voy a dar patadas en el culo para escribir, a título póstumo, éste mi postrero post. Y aprovechando que estamos en fechas de Pascua lo dedicaré a cascar como el espíritu de la navidad se ha apoderado de la condición, hábitat y dominio atmosférico en la morada de aquí la que cotorrea. El canijo, prosélito de San Nicolás, está poseído hasta el tuétano por el espíritu de la Navidad.

Que la Navidad es una fecha señalada, está cantado. Que la Navidad despierta en las personas una cándida pero transitoria felicidad, es un hecho. Que la Navidad es el reflejo del amor a la familia, al mundo, al Universo, a la Galaxia, al Cosmos, a los caracoles, -hasta al pollo, que yo tanto detesto y que no como-, es obvio o al menos, obvio para alguno, no para todos. Otros pensamos que son fechas sin transcendencia, salvo, y aquí viene lo extraordinario, que tengas churumbeles. Si es así, debes o mejor, caerás rendido a los pies del espíritu navideño: de los renos, el árbol, los muñecos de nieve, las luces, el turrón, el polvorón, la zambomba, el villancico...

Navidad, dulce Navidad. Qué sería de la Navidad sin sus polvorones enyugantes pegados a paladar; de sus bolas de coco; del turrón duro y del blando: dos insignes viandas navideñas disputadas en casa de "las foles" por motivos, más que nada, odontológicos: abuelito y tata ya no están pá morder en berroqueño con boca desahuciada. Así que con llanto y desconsuelo tienen que conformarse con el blando quedando privados al gusto del crack, crack, crack almendrado... 

Y, ¿qué sería de una Navidad sin Papá Noel, Santa Calus, San Nicolás? Sus renos, el trineo, la barba, el traje rojo y su grito de guerra: !Jo Jo Jo jo joooo...!! Pero voy más allá: ¿qué sería de Papá Noel sin el deseo de los niños? Sin esa necesidad de creer en él. Sin la ilusión de ellos, los canijos. NA DA. Nosotros, no todos, padres descreídos, apoderados por las cosas de mayores, preocupados por la crisis, la hipoteca, llegar a fin de mes, el corre corre. Nosotros padres que alardeamos de haber cazado muchos elefantes y que no estamos para pararnos a pensar en la ensoñación, en la quimera, en la invención de los infantes, en reflexionar que los recuerdos son el mejor regalo de nuestra vida porque también, no hace mucho, fuimos niños llenos de irrealidades. 

Recordar que cuando, nos dejan y queremos, alimentarnos de ese espíritu de navidad, de ese deseo de contagiosa felicidad, de creer, de estar convencidos que un bonachón hipercalórico con barba de algodón y nariz de trasnochado bebedor de orujo, existe con fe ciega en la mollera de nuestros cachorros; hay que detenerse a mirar a nuestra prolongación genética cómo se les ilumina la cara, como farolillo de feria, con afán cándido e ingenuo, contemplando el agujerito en el cielo desde donde el yayo, venido de tierras de Laponia Mágica, les toma nota de sus andanzas por tierras medias. 

Papá Noel está en todos los lados. El espíritu de la Navidad debe seguir reinando en nuestra sesera; es un deber. ¿Para qué si no tenemos su número de teléfono?







martes, 11 de diciembre de 2012

Qué, !!!estamos!!!

Antes de que explotara toda esta escandalosa, injusta e insolidaria crisis, existían aquellos fines de semana, bastante habituales, en los que nos lanzábamos al relax y al desenfreno; pues una aguanta el sosiego un hora, a lo sumo dos, mi condición de mujer jaranera y chirigotera puede a esa parte zen que llama a gritos a mi materia gris john travoltiana en friebre del sábado noche. Como decía, aquellos tiempo de vinos, rosas (pocas veces, la verdad) y abundancia, la dedicábamos, por lo menos, una o dos veces al mes a largarnos de fin de semana a algún hotel mono y divertido. 

Lo dicho, esta vez no esperamos mucho. Después de las vacaciones de navidad y gracias a que aquí, la que escribe, estaba currando, que a estas alturas mi hipotálamo no identifica la palabra trabajo en espacio público, decidimos hacer terapia de desintoxicación de tanto polvorón, manteado y anís del mono. El sitio, idílico. Un hotelito rural, que como su propio nombre indica: vida de campo y sus labores, básicamente.

Henos aquí. En plena naturaleza. Un remanso de paz. Cuando llegamos ya traíamos la mosca detrás de la oreja. Con el calendario que mi madre me regala todos los años, uno de esos de cartón con la imagen de estampa navideña en la parte delantera y la publicidad, en la parte de atrás, de alguno de los comercios de mi pueblo anunciando sus sabrosas delicatessen, chacinas, embutidos y otros souvenirs, echo cuentas de mi ciclo menstrual. O-o. La roja no ha dado señales de vida. La roja lleva una semana, ¡dios sabe dónde! Intento no ponerme nerviosa. Intento pensar que será un retraso normal. De nuevo, me transporto al mundo del retiro espiritual, pensando que al día siguiente, cómo mucho, hará acto de presencia.

Seguimos con nuestro periplo campestre rural. Le comento mi inquietud al que hoy por hoy es padre, y con una media sonrisa entre nerviosa e inquieta me dice que no me preocupe que será un desarreglo producto del estrés. Esas palabras me tranquilizaron pero el runrún de, ¿y si estoy? ¿y si estamos? No se separaba de mi pensamiento. De hecho todo aquel día no paramos de hacer elucubraciones con la posibilidad de que estuviéramos esperando. Entre birra y birra, pitillo y pitillo, pasaron: nombre, sexo, cambio hormonal, físico, preparativos neonatales e incluso la forma de comunicar a la familia que íbamos a ser madre y padre...Era una sensación extraña. Rara. Curiosa. Llena de inquietud. Pero sobre todo llena de AMOR.

Siete de la mañana. El runrún ha estado toda la noche pegado como un chicle en mis sueños. No puedo más. Ni un sólo síntoma premenstrual. Me toco los pechos, y nada. Igual que siempre. Me miro la barriga por si hay algún tipo de hinchazón que anuncia la cercanía de mi amiga, y nada. Tampoco he tenido esas ansias por comer, ni tampoco tengo sueño de marmota, ni ando de un humor de perros, (qué descripción más bonita de la sintomatología premenstrual, ¿verdad? Nótese la ironía.) NA-DA DE NA-DA. Me dirijo al baño. Sentada en la taza del wáter rezando a todos los santos mientras apretaba, casi buscando lastimarme, la compresa; hago pis, recojo un trozo de papel para limpiarme y encontrar la sorpresa de color rojo. ¡Qué minuto más largo! ¡Qué nervios! ¡Jamás había tenido, en mis 36 años, más ganas de que viniera la 28días!..........Me limpio y.....NAAAAAADAAAAAA!!!

Subo a la parte abuhardillada de la habitación. Allí estaba esperando ansioso el futuro papá. Creo que en el fondo esperando, entre acojonado y feliz, que le dijera que la 28roja no se había pasado por el hotel, se ve que lo rural no le iba mucho. Es cañera, igual que yo. Y una jodida... igual que yo.
Me acuesto junto a él. ¡Qué! ¡Qué! ¿Te ha venido?...Lo miro con cara de pavor, y le digo: " Tenemos que comprar un predictor."

El camino del hotel hasta la farmacia, cómo lo diría, eterno, kilométrico. Parecíamos estar jugando al juego de la oca: ¿quién va a pedir el test de embarazo? Yo no. Tú. No, tú. Yo no. Tan grandes y tan tontos. Pues sí, tan tontos. Al final me salí con la mía y lo pidió él. Entramos en la farmacia. El azorado  y cohibido padre con voz susurrante le echa un par: Ho-o-ola. Mientras yo, me dedicaba al disimulo mirando los productos de higiene para bebé, fíjate tú que ironía. El padre seguía con su misión. Con un hilo de voz y mirando hacia un lado y hacia el otro, se atreve: "Qui-qui-qui-quiero un-un-un test de embarazo....." La farmacéutica, no sé si por choteo, haciéndose la sorda le echó todo el oxigeno a sus pulmones y le replicón con el volumen de unos 450.000000000000....decibelios: "¡Ah! ¡UN TEST DE EMBARAZO! SI. AHORA MISMO." Imagínense nuestras caras de batata. No he sufrido peor humillación pública.

Prestos salimos de allí hacia el hotel. A ver, ¿como mierda se utiliza esto? ....No te pongas nerviosa,-replicaba el padre- Tranquila. Dice que eches una gota de pis en la cánula y que se espere unos minutos. Si sale rosa, estamos. Si no....Pues imagino que NO. NO SÉ. ¡TOMA, YA!
Voy al baño. Le pido ir sola. Él al igual que si estuviera en la sala de espera de un hospital, agitado, ansioso y angustiado por si si o si no.
Gota. ¡Clin! Y salgo. Coloco el test encima de la mesa y ya lo único que nos quedaba era esperar. Tic, tac, tic, tac, tic, tac...Una tenue, tenue, tenue,tenue, tenue, tenue...Parece...Parece...Parece...Tenue...Tenue...Tenue...Tenue..Se torna...SE TORNA...SE TORNA...ROOOSAAAA!!! ¡¡Qué, estamos!!

Después de aquello quisimos dejar testimonio del recuerdo de ese fin de semana que nos cambió la vida PARA SIEMPRE. En el libro de visitas del hotel dejamos escrito que regresaríamos a aquel hotelito lleno de vida con el fruto de nuestro AMOR, BRUNO!!


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