martes, 5 de septiembre de 2017

ADEI MOI



¿Cuáles son esos hombres, cuál debe ser su coraje y su pasado para venir aquí a enterrarse vivos? Me siento obligado a pensar que se trata de titanes o paladines...
Leskov, N. (1874)

Soy consciente de la diversidad emocional y hasta soy consciente de la generalizada insensibilidad que hoy por hoy se corona como la gran losa de este mundo individualista y polarizado. Ponerte en el lugar del otro no es cualquier cosa y dejar que te penetre, sólo unos centímetros, sería un riesgo, una fatalidad, una estupidez; sería como abrir las puertas a un virus agresivo y dificil de combatir. Casi mejor recurrir a la vacuna de la troika emocional del negro corazón donde se ahoga la piedad: NO AYUDA, NO EMOCIÓN, NO SABER. Esa es la garantía de una vida cómoda y feliz: no degarse golpear por las inmensidades de la turbación y las irreverencias de un ser condenado a no dejarse ver.
Este es el problema. Esta es la infame verdad.
Quizás se llamaba: FATOU o AMINATA, o AISSATOU o AWA, FATOUMATA, KHADY, MAIMOUNA o quizás ADAMA. Podía llamarse de cualquier manera, ¿a quién le importa? ¿ Alguien se lo preguntará? ¿Alguien la nombrará con amor, con alegría e incluso con desdén? Dicen que si algo no se nombra no existe, ¿acaso existe ella? ¿ Acaso existen ellas? No importa mucho hablar de singular o plural, no importa nada. Lo que importa es mantener una realidad de verdor perpetuo que de gris sombrío, espectral, casi carcelario. Perpetuar un mundo feliz y distópico al estilo Huxley.
Ante nosotros, sentada en la arena de la playa, apereció la sirena africana. Exhausta por la calima, el sudor llenaba su piel de ébano agrietada por el justiciero sol, aquella mujer sin nombre de cara afilada, de pequeños y tiernos labios, y pelo enroscado en un turbante africano repetía, uniendo los dedos de su mano izquierda llevándosela a la altura de la boca realizando un escueto gesto con el que nos quería transmitir su estado famélico, con un debilitado y susurrante acento francés: " Adei moi, adei moi, adei moi..."
Los ojos verdes de aquella mujer invisible se vidriaron mientras los miraba. Pensé que su mirada era la mirada de miles de mujeres que quedan clavadas en un destino sin retorno, en un esfuerzo frustrado, en una condenada probreza a la inexistencia. Asi, ad infinitum ¿Justo? ¿Razonable? Nosotros tenemos el cuchillo y ellas reciben el corte. Es esa la razón que todo lo entiende que todo lo vale que todo lo destruye..
Cuatro miserables euros rompieron el eco del dolor. Cuatro asquerosos euros que demuestran la razón del más fuerte. Cuatro insignificantes euros para superar el sofocante día recorriendo, de punta a punta la playa, quien sabe cuantas veces, cargada de baratijas y tristes pensamientos. Porque si, son tristes. Si, son lamentablemente ásperos, silenciosos y vacios.
¿Acaso no somos todos de carne y sangre bajo la piel?  Titanes, paladines, sirenas. Hombres y mujeres.

ADEI MOI el canto de la sirena de ébano   que no devora ni seduce pero si rompe, como una piedra en un cristal, de forma seca y afilada, el cómodo confort.

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LA INVENCIÓN DEL AMOR


Conozco un jardín donde el silencio es amor.
Conozco una vida donde los besos son combustible.
Conozco unos ojos que brillan como incandescentes luceros.
Conozco un río, un mar, una catarata que desemboca en un reposado océano.
Conozco las estaciones porque te conozco a ti: dulce brisa de primavera, ardor de canícula de verano, ternura del otoño y vehemencia de la lluvia de invierno.
Conozco el SER porque he reconocido mi soledad, mi nudo gordiano, revelando así todas sus inagotables implicaciones.
Conozco mis miserias, mis debilidades, mis bondades y mis fortalezas porque has destruido aquellos demonios azules demasiado pesados para transportarlos a los largo de todos mis días y todas mis noches.
Conozco el amor inmortal, al igual que Aquiles lo fue por sus grandes hazañas.
Conozco la sonrisa en esta alegra triste vanidad del ser vivo.
Conozco el dolor que escarba como el gusano lo hace en el hueso pero también, reconozco la salvación de sentirse atraída hacia un lugar donde regresar por ti.
Conozco mis recuerdos, cuando la juventud era insolentemente feliz, para ti.
Conozco el renovarse o morir.
Conozco el impulso de vivir con excitación; semejante a la de un jefe en el campo de batalla cuando se le ocurren miles de ideas afortunadas que apenas tiene tiempo de realizar.
Me-Conozco y Me-reconozco frente a ti.
Y así, en este aprendizaje, en esta construcción y re-construcción de una vida, de una relación, de un binomio perfecto, de aquellos número primos que vencieron a la soledad y llegaron a tocarse, inventamos NUESTRO AMOR cada día: MI GRAN HISTORIA DE AMOR, BRUNO.

¡¡TE QUIERO!!

FELIZ CUMPLEAÑOS.

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viernes, 20 de enero de 2017




¿Qué dicen tus ojos?

¡Habla! ¡Dime! Replicas.

Puesta en funcionamiento de la corteza orbitofrontal para intentar coordinar de manera instantánea las respuestas entre el pensamiento, el sentimiento y la acción. La neurona fusiforme a pesar de la longitud de sus brazos no da velocidad a la información que quiero transmitir paralizandome como si estuviera apostada en zona de salida sin querer tomar impulso para producir sensación empática. Intentas detectar la emoción en la expresión de mis ojos, de mi rostro, intentando buscar los matices para conectar la información de la experiencia con la interpretación del sentir ajeno. Entones es cuando debe instaurarse, llegar, posarse como pluma de ave, rozando la espalda, suave y aterciopeladamente la conexión neuronal que, aparentemente, ingresa exhibiéndose con la mirada, con el silencio de mis ojos.

¿Qué dicen tus ojos?

Mis ojos, el silencio que revelan son la ventana de mi cuerpo, de lo secreto, de lo ignorado, de la pesadumbre, del dolor, de la alegría, de lo anónimo. Mis ojos pueden ser duros y tan fuertes que parezcan dañar en pleno rostro o pueden ser tan dulces que se antojen como una caricia. Pueden ser penetrantes hasta desnudar a la otra persona despojándolo de todo lo material, dejándolo desvalido y vulnerable. Pueden mirar a través de la persona y entorno suyo yo, yo lo he hecho a través de ti, ¿tú? Me lo preguntas cada vez que mis ojos requieren silencio.

Mis ojos son el fiel reflejo del alma, comunicación no verbal. Sustancia espiritual e inmortal. El alma es el ser, el yo que habita en el cuerpo y actúa a través de él proyectando intenciones, personalidad, moral, amor, esencia, entrañas, el fondo, la miga del corazón. Con el alma el cuerpo adquiere vida, visión y oído, pensamiento y habla, inteligencia y emociones, voluntad y deseo, personalidad e identidad.

¿Qué dicen tus ojos?

El silencio de mis ojos dicen alma. Deja que vean los tuyos. Deja que vean a través de ti así llegaré hasta tú alma.



lunes, 26 de septiembre de 2016

MI GRAN HISTORIA DE AMOR, BRUNO



Esta es una historia de amor que dura siete años ya.
Esta es una historia de amor que se forja diariamente con la naturalidad y el arraigo de las puntadas de un botón cosido a una chaqueta.
Esta es una historia de amor de segundos, de minutos, de horas, de años, de eternidad.
Esta es una historia de amor cuya fuerza reside en la gravedad pues nos sentimos atraídos el uno hacia el otro.
Esta es una historia de amor multiplicadora, factorial, que se extiende, que inunda a la humanidad, al ser, al espíritu noble y transparente.
Esta es una historia de amor que revela y desvela, que anida y emigra, que yace y despierta, que enseña y esconde, que llora y alegra, que construye y reconstruye.
Esta es una historia de amor que vive y revive recopilando detalles, imaginando deseos y engendrando emocionantes.
Esta es una historia de amor de puro movimiento semejante al impulso de la rueda motriz de un gran reloj de torre.
Esta es una historia de amor que no da miedo porque conoces su fidelidad, su incondicional y honesta sinceridad.
Esta es una historia de amor que no se repite al igual que dos besos no son iguales, ni una sonrisa, ni una idea, ni un pensamiento.
Esta es una historia de amor clásica con besos apasionados e interminables de esos de película.
Esta es una historia de amor hechizado como lo fue la de Paris hacia Helena en la tragedia griega.
Esta es una historia de amor que no se cuantifica, no se mide, no tiene escala, es incalculable en valor al igual que lo fue la cámara de ámbar en la Rusia zarista.
Esta es una historia de amor donde el protocolo se considera una norma pueril en comparación con una sonrisa o una carcajada.

Esta es una historia de amor universal porque se trata de una fuerza que mueve a la humanidad dando sentido a la vida como única y última respuesta.

Esta es una historia de amor que se convierte en bomba y es capaz de destruir aquello que nos inquieta, nos atemoriza, nos turba generando energía para ser liberada.

Esta es una historia de amor donde bocetos, dibujos y notas musicales pululan con libertad y mimo como sucedería en cualquiera de los corrillos artísticos de una novela rusa del XIX.

Esta es una historia de amor donde tú me preguntas: Mamá, ¿sabes cuánto te quiero? Y yo te contesto: Y tú, ¿sabes lo que te quiero?

Eres mi gran historia de amor, Bruno.

Cada latido de mi corazón rondará una caricia, un beso o un te quiero por ti, toda mi vida. 


FELIZ CUMPLEAÑOS MISHKA
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viernes, 25 de septiembre de 2015

Cuando Bruno llegó






Cuando Bruno llegó la ilusión se hizo latido, y el latido corazón. 

Cuando bruno llegó la inquietud golpeaba el nido llenando de culebrillas mi vientre, pero el tiempo sumaba vida y restaba ansiedad.

Cuando Bruno llegó hubo verbena, lluvia de flores, se inundaron los cauces de los ríos mientras al unísono todas las voces hablaron de amor.

Cuando Bruno llegó no quiso engañarme con una mitad o una cuarta parte de amor, no. Él lo hizo con la ceguera de los corazones nobles,  con la agonía del que quiere toda la felicidad para él. 

Cuando Bruno llegó se brindó en las tabernas, las luciérnagas volaron y las musas regalaron canciones.

Cuando Bruno llegó la emoción cuadró su rumbo; la cabeza entre los pliegues del amor rompió luz en un mes de Septiembre y el tic tac del mundo dió su aprobación para gritarle a la felicidad que construiría paraísos alrededor de tí. 

Cuando Bruno llegó se brindó en las tabernas, las luciérnagas volaron y las musas regalaron canciones.

Y la ilusión cumplió sus cuentas y se pasó del latido a la caricia, a la mirada que guarda la inocencia de todo lo que soy ahora , de todo lo que eres ahora en mi: ese atardecer donde dar reposo al corazón.

Cuando Bruno llegó hubo verbena, lluvia de flores, se inundaron los cauces de los ríos mientras al unísono todas las voces hablaron de amor.

Cuando Bruno llegó descubri tanto de mi que me siento dichosa por tenerte aquí por darme días de tanta alegría como los que a un devoto reserva Dios para sentirse bienaventurado, y suceda lo que suceda ya no puede decir que no ha gozado de los placeres, los más puros placeres, de este mundo. 

Cuando Bruno llegó se brindó en las tabernas, las luciérnagas volaron y las musas regalaron canciones.

Amor, Feliz Cumpleaños! Te Quiero!
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jueves, 16 de julio de 2015

EL COCHE DE ATRÁS


Salía del centro comercial, la Navidad estaba próxima y era mejor ser previsora evitando así esas grandes colas que todos los años, por la pereza que hoy había conseguido superar, se chupaba en las compras de Pascua. 

Con paso ligero, pensando en todo aquello que le faltaba por hacer, recorría el gran pasillo, que iba a dar al inmenso y abarrotado garaje, para recoger su coche y salir de allí como alma que lleva el diablo. Apurada. Aprisa. Al galope, recordando aquella filosófica frase del personaje de Lewis Carroll, el conejo blanco, en Alicia en el País de la Maravillas cuando le decía: "Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo". ¿¡Perder el tiempo!? Ella ignoraba qué era eso, a pesar de que siempre se quejaba de no tener ese tejado donde mirar las estrellas. Casa, hijos, cuidar de estados de ánimo ajenos, ¡es agotador! Pero en su vida era lo que le tocaba; no podía permitirse que el tiempo  se escapara como agua entre los dedos. 

De repente agitó su cuerpo de un latigazo intentando con ello espantar esos pensamientos que lo único que hacían era distraer la mente. Abrió la puerta del coche, lanzó las bolsas que llevaba al asiento trasero, y puso la llave en el contacto para iniciar la marcha. 

Ya en carretera, parada en un semáforo, dirige su mirada hacia el espejo retrovisor delantero y allí, en ese coche de atrás, apareció esa imagen, esa escena, ese cuadro salido de la mano de Hopper que le hizo, (retomando, de nuevo, esos pensamientos distraídos), preguntarse por esas caricias olvidadas,( pretéritas), y que a veces la vida nos retira, sin querer o queriendo, de aquellos momentos almibarados que antaño nos sonrojaba las mejillas. 

En aquel coche de atrás se respiraba amor: las miradas de sus ocupantes parecían estar coronadas por el cuarto movimiento de la Quinta de Malher. La ternura con la que se acariciaban, la delicadeza que destilaba aquella estrofa alegórica, parecía querer ser proyectada sin censura, (cual bandera que hondea al viento coronando un país, juzgando que también existe un tiempo donde la persona amada no es siempre intangible y ajena), para dar un paseo por la nubes en cualquier rincón o espacio del Planeta.  

Sentía cierta amargura, incluso cierto deseo honesto por la suerte de poder hacer público tanta pasión, tanto placer. Dos lágrimas recorrieron sus mejillas y un pensamiento: 


                       "Quizás el amor pasa con demasiada rapidez no siendo justo permitirlo 
                                     ¿ O a caso fue creado para existir sólo un instante ? 


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martes, 23 de junio de 2015

MINUTOS ANTES




Quedaba poco tiempo y allí seguía tumbada en aquella inmaculada y pálida cama. Nerviosa e intentando distraer al pensamiento con aquella extraordinaria imagen que sólo la naturaleza sabe dar: la serenidad de un mar gris provocado por una corriente de nubes lenticulares donde la presencia del sol se hacía notar rompiendo la espesa y lánguida masa plomiza dando reflejo, en forma de camino de plata, sobre la superficie del mar. Se agradecía la tibieza de esas lineas de luz ; daba la sensación de que querían templar el frío del momento.

Pero esta dulce melodía pronto se tornaría desafinada. Los momentos de paz son ligeros, son segundos en momentos de sobresalto. Frente a ella se presentaba la realidad, esa realidad de la que uno quisiera huir si le dejaran. Si pudiera. Pero debía de ser fuerte. No le quedaba otra salida. Esa despreocupación, sólo distraída durante un instante, no era del todo real. Un gesto de inspección a la sala donde se encontraba fue lo que le devolvió a su pensamiento la cordura, agitándole la mente con cosas olvidadas. Devolviéndole posición y estado. Alejando la evasión , el rehuir, el serpentear por aquello que hace daño, atemoriza o angustia. Intentaba dar aposento, haciendo frente, a aquel peligro que acechaba su ahora consciente mala salud: “ es menor un peligro real que un horror imaginario. Hay que saber ponderar el peligro si lo encajas en el sitio que le corresponde. Si le das forma. Si le pones nombre. Si utilizas el sentido común, será menor.”

Llegó el momento. Todo tenía un aspecto pavoroso, desagradable: luz estridente y chillona, paredes empapeladas con paneles metálicos, como si de neveras frigoríficas se trataran, el olor aséptico, el silencio y la inmovilidad de su cuerpo conseguían que su inseguridad fuera en aumento,  su terror agudo y su miedo desmedido. Todo era la señal del que por azar, por mala suerte o por genética quisiera volver a nacer con maquinaria nueva, sin la desdicha de sentirse defectuoso; con la aflicción y el abatimiento consciente de perder aquello que, por naturaleza, le corresponde a cada cual. Era sentirse desposeída de lo que legítimamente le pertenece: ojos, boca, manos, pies, nariz, corazón, cerebro, garganta. Es ese desconsuelo, con tratamiento de material o inmaterial, cuando arrancan de tú lado a persona, animal o cosa y sientes ese vacío profundo e insondable, imposible de reemplazar. Lo único que quieres es alejarte deprisa. El miedo se apodera de ti yendo derecho a posicionarse en una obsesión.  

Ahora estaba allí, en esa sala, con aquella soledad sin consuelo. En una situación tan propicia a la vulnerabilidad y la compasión. Pero no quedaba otra que rumiar la inquietud. Se llevó la mano al pecho, respiró hondo y sonó una música de fondo. Una música que la hizo caer en un sueño profundo y del que sólo quedarían como testimonio las cicatrices.




YOLANDA


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