jueves, 21 de mayo de 2015

Estudio uno


La intención de seguir siendo sólo amigos fue la manera de concluir aquella dramática
conversación a pesar de sonar, como otras tantas veces, a propósito imposible a respirar sólo de vez en cuando. 
Cayó desplomado en la silla al igual que una marioneta; como si le hubieran cortado los hilos que sujetan su enjuto esqueleto. Puso las manos en la nuca dirigiendo su cabeza hacia sus rodillas buscando el sosiego que le faltaba.
Repentinamente sintió como el oxígeno no alcanzaba sus pulmones: asfixia, mareo, supina excitación, rigidez física,  entumecimiemto motriz: era como si el cuerpo perdiera dopamina de forma vertiginosa y sin control. El ritmo cardíaco era lento como el de un diapasón; la visión torpe y el oído opaco. Aterrado, sobrecogido y turbado por el pánico, milagrosamente, antes de que el colapso llegara a sus falanges, apareció la barra de labios carmín, - la L' Absolu que, por descuido, calló al suelo cuando ella abriò su Chanel 2.55 para sacar un pañuelo con el que secar sus cristalinas lágrimas-, y arrastrándose como un reptil,-con el poco aliento del que disponía ya-, casi agónico agarró el improvisado lápiz para escribir con irregular pulso en el espejo que había apoyado en la pared,- justo a lado de la  mesa Chippendale que él le regaló en aquel viaje a Inglaterra-, lo que ya sonaba a epitafio; lo que ella reconocería en su corazòn: "Indice, Meñique, Pulgar".







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