miércoles, 7 de marzo de 2012

Confesión en la pescadería

Hay distintos tipos de confesión. La confesión del penitente que declara los pecados cometidos. La confesión que se le hace a un amigo/a , a tu pareja, a tu madre. Realizadas en la más estricta intimidad. Bajo secreto de confesión, de sumario. Bajo llave. Hasta la tumba. 
Luego está la confesión espontánea, declarada o preguntada por otro. La que impulsa a exclamar "Wow" cuando algún detalle de la vida privada de alguien se hace público. Cuyo efecto, al igual que la exclamación, es fugaz: uno se asombra, y cuando dirige la vista hacia otro lado se olvida de lo que sucedió. Obviamente no todos los detalles privados de alguien producen el mismo efecto. Por ejemplo, decir que has birlado, alguna vez, en un centro comercial puede conllevar debates, críticas, discusiones y consecuencias de todo tipo a pesar de que la mayoría de las veces, cuando lo sueltas, la confesión se expande para terminar todos confesando, que también lo han hecho. Da la sensación de que si eliges algo que intuyes que todo el mundo también ha podido hacer, puedes incluso llenarte de gloria pues: "es sólo una pequeña fechoría. ¡Wow!" Al igual que cuando tus padres te confiesan que comenzaron a fumar con 7 u 8 años. ¡Qué barbaridad! Dirían algunos abanderados de distinciones entre lo que es o no, políticamente correcto. 
Con lo cual, la confesión puede ir de la mano de la discusión, de la polémica o de la reflexión. Lo interesante, para mi, es saber distinguir en qué momento una confesión puede provocar el ¡Wow!, o en que momento se ha de decir algo que merezca la pena comentar o discutir.
En mi caso, hoy, mi "sofisticada" confesión en la pescadería me ha provocado un ¡WOW! superlativo, celebérrimo, extraordinario. Entre samas, calamares, chopitos y cherne estaba haciendo confesiones sobre mi vida con mi pequeño "calamardo". Increíble, pero cierto. Allí estaba yo, como cualquier otra madre en el mercado de abastos: con mi cesta, mi cartera debajo del sobaco y mi chandal: arreglada, pero informal, como diría Martirio. Intercalando, entre 1/2 kgr de chopitos y anillas de calamar, las andanzas de mi Pezqueñín. 
Es o no,  de ¡WOW! Conociéndome, si. 

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