jueves, 14 de abril de 2011

No me toques...la peineta Mamá.


Hace dos semanas, aproximadamente, Bruno pasó por otro de los innumerables e incontables catarros agudos que lleva padeciendo desde que hace seis meses lo"institucionalizamos", es decir, que comenzó la guardería. Lo que conlleva estar convaleciente toda una semana. ¿Y eso que supone para mi? Supone pasar por tres estados. El primero, a primeras horas de la mañana: Lúcido, transparente,lozano,lustroso,vamos..."Give me the Power". Pasados aproximadamente....5minutos paso al siguiente estadio: chiflada, demente, mochales: una guerra sin cuartel intentando llegar a acuerdos con tu hijo DE 18 MESES-cuando aprenderé que eso es imposible e impracticable-. Es casi como hacerle entender a mi madre para que sirve eso de la  Psicomotricidad: "Psico...qué???Eso son inventos modernos: tonterías de hippies. Al niño, arraval. Eso es lo que le hace falta. Mucha calle y que sus padres espabilen." Sí, mi madre. Todo tacto y sutileza. 
Pues después de intentar, sin éxito, acordar con tú cachorro que si se queda sentado en el sofá, sin chillar, sin llorar, sin tirar todos los cuentos al suelo, sin pintar la mesa, sin restregar la figurita, "tú figurita", aquella que compraste con tanto mimo y que no sabías que además de decorar iba a servir para "RA-LLAR-TE LA ME-SA DEL CO-ME-DOR!!!" Después de eso pasas al último estado: el llanto de plañidera desconsolada de sollozo lacrimoso y recurriendo al único recurso posible, o al menos el mío: ¡¡¡BOB ESPONJA!!! Y si me apuras, hasta tiro del mismo ARGUIÑANO así sean las 7:00 de la mañana. Cuando consigues que se relaje, le da el sueño. En ese momento, canto hasta la Salve Rociera. Rápidamente a la amaquita y al movimiento de balanceo con las palabras soporíferas: "EA, EA, EEEA, EEEEA." El niño cae por goleada, después, eso sí de estar casi una hora moviendo la "Puñetera amaquita" y con el brazo entumecido de tanto meneo. Por fin, descanso. Rezo para que no sea 1/2 hora se siesta, sino que sea, al menos, una hora o hora y media... 
Así transcurre el primer asalto de la mañana. El secundo round se sucede en la comida. Por ejemplificar cual es mi estado cuando le doy de comer y está malito, es como cuando te quedas sin potasio y se te agarrotan la manos, pues igual pero en todo el cuerpo. Aquí también recurro a los poderes divinos, e incluso al poder de la NATURALEZA GORMITI, para que el churumbel, como dice el mismo, se lo coma: "Todo, todo, toooodo",-ESPACIO PATROCINADO POR CATALANA OCCIDENTE- y en el mejor de los casos no le de una arcada flemática para echar lo poco que ha comido y que tanto esfuerzo me ha costado dárselo. Pasada la comida llega la merienda y por supuesto naaaaaada de fruta: ¿cómo va a ser eso? Ni plátano balú, balú, ni pera limonera, ni barbapapá, ni cuchara, plato hondo, taza, tetera ni cucharón...A-GO-TA-DOR...
El antepenúltimo acto es el paseito de la tarde. En esta semana nos ocurrió lo peor que le puede sucederle a un hombre: que su primogénito le vomite dentro del coche. Pues evoalá !!!! Así le sucedió a "mi queridísimo esposo". Aunque la sangre no llegó al río y  no hubo que llamar al 112, pues gracias a todos los santos estuve presente en tal dantesco hecho. Niño vomitado, sillita de coche -no os podéis hacer una idea-, asientos de atrás, ropa, zapatillas...etc. Comentario del padre de la criatura: "¿QUÉ HACEMOS?  ¡¡NOS VAMOS A CASA!!¡¡DIOS, QUÉ ASCO!!¡¡ NO PUEDO!!" La madre del acusado por vómito:"A ver, no pasa nada. Busca un sitio donde aparcar y lo limpiamos." No me quedaba otra que la resignación. Aguantar el tipo para no ponerme a chillar como una histérica o lloraaaar y lloraaaar e irme directamente a pedirle a mi cuñado una habitación en el psiquiátrico por "el día tan maravilloso que llevaba". Total, aparca y no sé porque será que de repente "mi queridísimo" se paraliza ante la puerta del coche sin saber que hacer. En ese momento, es como si me mimetizara en Aramís Fuester o en el mismo Raphel, para adivinar que esa hemiplejía momentánea era la antesala de la manida y misericordiosa pregunta: "Yola, ¿qué hago?""¡¡cómo si hubiera instrucciones para ponerte a limpiar el tsunami que salió de la boca de tú amado hijo!!"Eso lo pensé. Lógicamente, no se lo dije. De nuevo respiro, profuuuuundamente, relajo los hombros, muevo la cabeza de lado a lado y le digo: "Desmonta la silla y límpiala."En fin, un numerito. Pero conseguimos llegar a destino: EL PARQUE, otro de mis "sitios favoritos"en días como estos...
Llegamos a la parte final de la historia y de mi día. Arguiñano, baño, chicha, bibi y a dormir. Los cuatro "mandamientos" de Bruno antes de irse a dormir. Pues bien, Bruno está en el sillón, acostado con el padre haciendo la pausa en la toma del biberón. Y yo, sentada en el sillón del al lado. Esa noche, y a causa de su malestar, Bruno estaba bastante inapetente. Pero como buena "huevera"-para los que no lo sepan es el gentilicio que se usa para llamar a la gente de mi pueblo- hay que comer: "zin ganas" a pesar de que estés hasta arriba de comida o que tengas 40 de fiebre. En un acto de madre avezada y con la idea de engañar a Bruno, éste empezó a pedir agua en lugar de biberón: "Mami, agua, agua". Pensé: "aprovecho la coyuntura y le meto el biberón en vez del agua." Justo su postura le impedía ver si era, biberón o agua. Con lo cual, lo único que tenía que hacer sería metérselo en la boca. Ni se daría cuenta. Aaaay!!! Todavía no me entero a quién tengo en casa. ¡¡Incrédula de mí!! Cuando estoy dándole el biberón, justo cuando estaba rozándole los labios, me salta y me dice impasible, en un tono entre chulesco y petulante : "Maaaamaaaa, AAAAAAgua"...
Sin palabras me quedé. Después del día que llevaba, mi hijo, de forma desnaturalizada e ingrata, con estas dos palabras me advertía: "No me toques...la peineta Mamá."





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