martes, 3 de junio de 2014

Mamá y las "foles" de Bruno, mi nueva identidad.


Nací un dieciocho de Junio de hace ya casi cuarenta y una primaveras, y echando la mirada atrás todavía recuerdo esos corrillos en el patio del colegio donde divagábamos con cándida y aparente profundidad, es decir, con el pavo que nos daba la edad, imaginando qué echaras gastaríamos cuando la pubertad hiciera visible las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta. Pues bien, ahora me doy cuenta que teníamos demasiada prisa por crecer y por qué no decirlo, por alcanzar una realidad para le que muchas de nosotras, ni por asomo, creíamos haber nacido para ello, la maternidad. 

Recuerdo como de pequeña, tendría unos seis años, junto con mi madre, estábamos viendo un documental sobre maternidad en el que se contaban las experiencias de un sin fin de mujeres embarazadas. Hasta aquí, todo bien: me parecía un estado confortables e incluso entrañable algo, quizás,  común para una niña: no extrañar el rol reproductivo al que las mujeres estamos encadenadas desde el inicio de la creación, pero toda esta confraternización de género duraría lo que dura un fósforo encendido. En el mismo instante que la escena del parto se hizo presente  en la pantalla de nuestro televisor Vanguard de veinticuatro pulgadas, menos mal que era en blanco y negro, mi desconsuelo fue tal que lo único que alcancé a decirle a mi madre con total convicción fue: "¡Mamá, nunca seré madre!"

Pero estas palabras que sentencié con conocimiento claro y seguro, cuando aún era una cría con coletas y calcetines, me acompañaron hasta que cumplí treinta y seis años que fue cuando me enteré que a partir de ahora dejaría de ser aquella niña horrorizada y atemorizada ante la idea de ser madre.

Ante tal noticia, y sin soltar aún el lastre emocional, la conmoción y la inquietud fueron mis primeras sensaciones. Conmoción por el estado al que me enfrentaba: superar el desasosiego sobre ese lado oscuro de mi vida; e inquietud, por peder mi individualidad: Yolanda pasaría a un segundo plano.

Así que  en esta encrucijada emocional en la que habitaba, en las postrimería de mi futura maternidad, reinaba a golpe de martillo la renuncia y el encaje de una nueva identidad, ahora sería la "mamá de …" en la consulta de pediatra, en la guardería, en el colegio, en los futuros encontronazos con la jauría de mocosos en el parque, en los cumpleaños...

Se trataba de una tarea dura el deconstruir el mecano de todo un ideario de vida para dar paso ala edificación de una nueva identidad; para descubrir desconocidas capacidades que antes reconocía en otras mujeres de manera ajena. Se trataba de decir adiós a ése anonimato maternal, al que ni por asomo quería pertenecer, y saludar otra vida.

Pero poco a poco el miedo pasó, se deslizó como gotas de agua en una cristal, aprendí rápido a convivir con las alteraciones hormonales, propias de dicho estado, hasta el extremo de lo más ñoño, y en el que no me reconocía, como llorar por ver la serigrafía de un bebé en un pijama de pre-mamá: ¿¡habrá cosa más ridícula!? A cohabitar con las incómodas náuseas de los tres primeros meses yaciendo como cadáver en el sepulcro por no poder con mi alma. A comer sin sentido, con abuso lascivo, sin juicio alimentario, pasándome las indicaciones médicas por el arco del triunfo: en mi caso mi desobediencia prenatal fueron los aperitivos salados, sólo ellos son capaces de causar un placentero y sugestivo regusto propio de la ambrosía: "¡vivan las grasas saturadas!" Me repetía a cada engullida. A vivir presa del pánico por no cruzarme con un gato y a mortificarme viendo como otros metían en paladar el exquisito loncheado del mamífero ibérico, "el pata negra", evitando así la temida toxoplasmoxis. ¡¡Cuánto sacrificio, Dios miso!! A sortear, con resignación cristiana y mucha diplomacia, las cáusticas profecías sobre el sexo del bebé, fundamentadas sobre una base científica irrefutable; el volumen y la forma de tú protuberante panza, si la barriga era puntiaguda sería niño, mientras que si la tendencia era "barriga bajera", sería niña. A convivir con los sofocos, los grandes enemigos de las menopáusicas y los míos, durante mi buenaventura preñeril. El indicador, evidente, de que mi cuerpo se convertía en un horno para bollos, eran los enorrrrrrrmer cercos que aparecían en mis axilas, a modo de galletas no, galletones, diría yo. ¡Cuanto llegué a comprender a mi santa madre por aquel entonces! Ahora la que se burlaba de mí era mi santa: "¡Estás probando de tú propia medicina", me decía la muy rencorosa.

Y qué decir de las visitas al ginecólogo. O de la primera ecografia en la que miras, miras y vuelves a mirar, más despistada que un mono en una feria, y te sueltan: "¿¡mira, ahí está!?" "¿¡Lo ves!?" "¿¡Ves a tú hijo!?" Y tú, en vez de soltar un sincero: "No veo un carajo", prefieres echar mano del hipócrita disimulo en aras de no restarle emoción al momento tan bucólico evitando uno, pasar por el ridículo de gestante primeriza ignorante; dos, madre cruel sin atisbo de instinto maternal y tres, por no quitarle la ilusión al que te preñó de lo que él decía que sí, que sí  que lo veía; mientras que yo, con gesto de incredulidad, me dedicaba a seguir la hebra con un escueto y falso: "¡AAaaaaah, claaaaro!"

Y así millones de cosas más, que nueve meses dan para mucho, y no todo es de color fresa, no. Señores y señoras la grávida travesía es, a veces, como atravesar el desierto intentando buscar el deseado oasis donde explotar. Pero heme aquí cacareando, riéndome de mí misma, ironizando con éste nuevo modo de vivir a puerta gayola, relatando, en tinta y papel, un recién estrenado e ignoto universo con dos protagonistas: Yolanda alias "mami, mamita" y el embrión microscópico Bruno, lo que suma el universo de "Mamá y "las foles" de Bruno".

Así que la vida a veces es una notica inesperada como lo fue la mía cuando me enteré que iba a ser madre. Ser madre es una viaje que dura toda la vida que es imposible resumir en un segundo o en cuarenta y cinco minutos o en nueves meses. Ser la Mamá de Bruno a veces parece muy poco pero otras es intensa, viva, gustosa, complaciente y toda una aventura porque ahora YO es NOSOTROS, mi nueva identidad: "Mamá y "las foles" de Bruno". 


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viernes, 23 de mayo de 2014

Mujer, madre, trabajadora e intelectualmente capacitada.

Ahora que está tan de moda aquello de la "superioridad intelectual masculina" va, y me sucede una cosa que me hace pensar que todavía hay esperanza con éste género, el masculino. Y hay esperanza porque gracias a esos pequeños ejemplos diarios que cada una de las mujeres, madres en este caso, damos a nuestros hijos, y permitan que haga una excepción y centre mi discurso en mi nuevo TRABAJO, en el que llevo cuatro maravillosos años y para el que me siento capacitada intelectual y emocionalmente,  para contextualizar aquello que no deja de escocer, a algunos de los machos que pueblan el reino de Atapuerca, que las mujeres seamos trabajadoras, independientes, madres, universitarias, amas de casa e incluso tengamos cerebro y podamos llegar a ejercer un respetable cargo político.

Pues bien, como decía, esos pequeños ejemplos de tesón, disciplina, amor, respeto, libertad, autonomía, equidad, trabajo son los que salvarán a nuestros hijos de ver con los ojos del machismo más arcano y retrógrado. Y somos nosotras, las madres, pese a quien le pese,- (a pesar de las grandes paparruchadas sexistas en las que nos encajan, por los siglos de los siglos)-, las verdaderas valedoras de todas estas lecciones de humanidad. Hemos de hacerlo por el bien de ellos, y por el nuestro, para que sean hombres y mujeres respetables. Seres humanos críticos y con conciencia de género.

El otro día, -pareció ser como una especie de señal divina, coincidiendo con las declaraciones del "Macaco japonés"-, la observación que hizo mi hijo, con tan sólo cuatro años, resultó ser el hilo dentro del ojo de la aguja. Fue como si de repente todo encajara después de una dura jornada de trabajo. Esas palabras que lazó, hicieron que se esfumara cualquier gruñido venido de la boca del hombre de las cavernas. Después de verme todo el día danzando de un sito a otro sin parar desde las siete de la mañana, cuando comienza la batalla en casa, hasta las ocho de la tarde cuando se cierran las puertas del cuartel: llevándolo al colegio, organizando la casa, estudiando, haciendo compras, jugando con él,…etc, etc,…En una de esas paradas para tomar aliento mi canijo soltó, - y he aquí la esperanza para librarse del contagio de ése discurso de "macho de las cumbres"-, con todo el sentimiento y el convencimiento de que lo que decía le salía de los más profundo de su corazón, me dijo: "¡¡Mami, qué trabajadora eres!!

¿!Inferiores intelectualmente!? Después de este comentario del canijo, me la bufa. Quedará grabado a fuego en mi orgulloso intelecto de mujer y madre. Básicamente porque: no se ha hecho la miel para la boca del asno. Somos los suficientemente capaces y superiores intelectual, o lo que carajo nos propongamos, frente a cualquier testosterona andante!!

Menos mal que esto pasará, como pasa todo, y las aguas volverán a su cauce, aunque de perros rabiosos sabemos que está lleno el mundo. Pero lo que verdaderamente importa es desterrar este tipo de huella en ellos, nuestros hijos. Para que no nos devuelvan a la caverna y nos hagan creernos que somos mujeres sin propiedad ni juicio y convertimos en manipulables e incluso impunemente maltratables. 

P.D:

Pienso en Cañete cuando coincida, (si es que finalmente lo hace y desgraciadamente lo hará), en Bruselas, con Ángela Merkel o con Christine Lagarde, la troika europea femenina, y la imagen que se me viene a la cabeza está entre bochornosa, burlesca, resultona y humillante para el Ministro "semental de granja"; mientras que por otro lado llenará de  complacencia a muchas de las mujeres que no podemos acercarnos al "Señor Testosterona" para arrancarle un par de pelos de esa acicalada barba de "abuelo cebolleta". Así que espero, deseo que esta imagen quede inmortalizada en portada de la revista "El Jueves": "Merkel y Lagarde. Dos amazonas. Dos estrellas del ring frente a un pusilánime gladiador llamado, "AgroMan". 



Ahí lo dejo


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viernes, 14 de marzo de 2014

¡¡Hasta luego Lucas!!


Quién, en algún momento, en ésta vida como progenitores, no ha clamado al cielo, en modo desesperado: "¡Aaaayyyy, qué ganas tengo de que te hagas mayor!"....Esperaré unos segundos para que digieran la pregunta y busquen en los más recóndito de su hipotálamo si es cierto o no que lo han pensado. ¡Venga sean honestos! No me hagan sentirme como una miserable...¿¡Nada!? ¿¡No dicen nada!? ¡¡Arrieros somos!! Pues seré yo quien tire la primera piedra y confiese. Aunque ya, para aquellos que me conocen, saben de antemano que mi previsibilidad en estas lides es todo, menos coherente con los cánones maternales. Para entendernos, de las pocas veces que comparto confesiones de brega maternal con otras progenitoras, ( si, digo progenitoras porque tenemos ese estigma de cacareadoras que contamos hasta cómo el dulce "bebé" se mete el dedo indice, - eso si, de forma poética, para que no crean que la criatura es una especie de reencarnación de aquel iraní que estuvo más de 60 años sin bañarse, ya hay que ser....-, haciendo prospecciones nasales para que una vez fuera, el habitante verde, intente pegarlo en cualquier sitio con premeditación y alevosía en unos casos y en otros, jugando al despiste para encontrar el cadáver, pocos días después, en sofá, cojín, mesa e incluso pijama. ¿¡Ven!? De nuevo otra confesión. Si es que me cuesta menos), lanzándome a la piscina con total naturalidad, verbalizando mis deseos por que el canijo alcance una edad donde la autonomía reine; las respuestas son siempre de los más, de los más, cómo decirlo, "¿¡Homogéneas!?": "¡Ay, cómo puedes decir eso! Aprovecha ahora que esto se pasa en un suspiro." Para acto seguido, y ahí es cuando mi subconsciente se revuelve gritando desesperadamente: "¡No! ¡Qué no lo diga, por favor!" Pero......: " A mi me encantaría que se quedarán siempre así".    

Discúlpenme pero, a ver, ¿quien, en su sano juicio, piensa esto? Yo, desde luego que no. Cada cosa tiene su tiempo y lugar. Lo de aprovechar, si. Pero que se queden así, entiendo que es un deseo cuanto menos raro y sospechoso de estar poseída por un espíritu Teletubbies del que desde luego no tengo ni cromosoma, ni genoma, ni sangre para soportarlo. He dicho.

Y resulta que tengo suerte. Suerte porque el canijo me lo pone fácil, muy fácil. Con lo cual, sentirme bicho raro no me resulta extraño ya que tengo venia para poder explayarme como se me antoje. Además, y perdonen la licencia arrogante, ¡me encanta ser así!

A lo que iba, después de echarme flores y despacharme como una marquesa, que bien se queda una, en estos días de Don Carnal  y Doña cuaresma, el canijo ha dejado claro, como ya les conté, que quiere ser lo antes posible un ser independiente y autónomo. Les cuento por qué.

Otra de las lecciones que nos dan nuestros hijos es, y de esto doy fe y más de uno también lo hará, que  eso de salir de marcha, sean Carnavales o no, con los carcas y aburridos padres es peor que chuparte el debate del Estado de la Nación. Ellos lo que quieren es estar con sus colegas de patio o de colegueo espontáneo. Pero eso de ir tirando de Papá y Mamá es un rollo al que no están dispuestos. Un ratito si. Pero todo el tiempo, ni por asomo. Así que mientras tú intentas tomarte una birra, fumarte un pitillo y mover el esqueleto al ritmo de la barbacoa, la carne de tus carnes anda maquinando como abortar la misión, "carnaval de día con mis padres, ¡Ni Loco!",  con chantaje, pataleos, lloriqueos, sentadas tipo 15M, renegando de disfraz de Spider, si, regando de su alter-ego, e incluso haciendo fuerzas para que los bostezos, de mayúsculo aburrimiento, hagan mella en la conciencia, en esos momentos, que son pocos, de desenfreno, con una descorazonadora imagen insoportable para cualquier padre que se precia. Pero a pesar del "escrache" que estábamos padeciendo, nosotros erre que erre: pitillo, cervecita y bailoteo. ¿Conciencia? ¿¡Qué es eso!? Hasta que.....

Frente a nosotros, levantando la pierna derecha y soltándola en el suelo con una fuerza propia del mismísimo Hércules, con el hocico fuera y brazos en jarra:

"¡¡¡Papá!!! ¡¡¡Mamá!!!"

"¿Qué pasó Bruno?"

"¡Me quiero ir a casa!"

Moviéndolo de un lado a otro, como si de un hilo en un ventilador se tratara, para distraer su atención e intentar quitarle la idea de la cabeza.

"¡Qué no! ¡Deja! ¡Quiero irme a casa!

"Pero, ¿por qué?" Esta pregunta sobraba, lo sé.

"Me aburro". ¿¡Ven!? Sobraba.

A oídos sordos, palabras necias.

"Me- a-bu-rro!!!"

A oídos sordos, palabras necias...

"Me-a-bu-rro!!!"

A oídos......

"¡Ea! Papá, ¡dame las llaves del coche que me voy a casa! ¡HASTA LUEGO LUCAS!"


Señoras, Señores, ¿es o no la viva imagen de un pre-adolescente?...


Fácil. Lo tengo muy fácil.

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Emancipación, ¡si se puede!


Fijen bien sus ojos en el titulo de esta entrada, -no se trata de ningún truco telepático ni óptico, aún no he adquirido ese don, pero al tiempo-, y una vez lean lo que les voy a contar entenderán su sentido y que en ocasiones la realidad evolutiva de nuestros hijos, por mucho que nos gustaría congelar el tiempo aprovechando cada hora, minuto, segundo y décimas de segundo a pesar de ésta caótica y precipita vida, la realidad, inevitablemente, es acelerada e imprevista  y sólo nos quedará agarrarnos a esa nostálgica melancolía del pasado tiempo de rorro.

A veces una, por miedo o por negarte eso, que se hace mayor y que tú retoño siempre será esa indefensa criatura que dependerá de tí de por vida, (¡qué estoy diciendo, Dios!! Si lo que quiero es que me lo ponga fácil, le doy hasta queeee.. cuuumpla lossss... ¿¡¡5¡¡?? Para que, (¡qué pretensión la mía! ¡Madre DESNATURALIZADA! Pero puestos a imaginar!!?'), se haga unos huevos fritos con los bordes bien doraditos, que eso es un GRAN PASO en la vida de cualquier criatura,  la cama, limpie, planche, lave, haga la tarea e incluso, si fuera posible,  se sacara el carnet de conducir para que fuera solo al colegio y me quite a mi este complejo de Fary que arrrastro, (el Fary era taxista, por si alguien no lo sabía), e incluso, permítanme la licencia, se adelantara e hiciera la carrera se me fuera de Eramus, a uno de esos países en los que LA EDUCACIÓN FUNCIONA, y me escribiera cartas (¡qué antigua soy!) o whatsapp, comunicándome que se quedaba para no volver. Y si lo hiciera, (regresar), lo haría para presentarme a su novia (o novio) y a su hijos. Porque el canijo, ya me lo adelantó el otro día, va a tener hijos. Uno de ellos se llamará Morgan. ¿¡¡Ven!!? Nombre anglosajón fijo, se me va al extranjero. Lo tiene todo planeado. Si es que me estoy engañando, ¿para qué le sirvo? Lo único que hago es estorbar. Pero no! No sé por qué extraña mutación, creo que genética, siempre tienes esa pelusilla en la parte que bombea nuestro cuerpo, "el corazoncito", que nunca crecerá, (ufff qué ñoña me estoy poniendo. Estoy escribiendo esto y a la vez me estoy abofeteando la cara para que salga de mi el espíritu de madre pusilánime que me ha poseído).

Lunes. 8:40 de la mañana. Llegamos al colegio. Bajo del coche y me dirijo a la parte de atrás. Abro la puerta y ayudo al canijo a deshacerse del "dichoso cinturón" y, (digo "dichoso" porque él lo considera como algo tortuoso quizás porque se me olvida darle holgura, son de esas cosas que siempre dejas para después y nunca haces si no es en el mismo momento, pero yo ni por esas, siempre me acuerdo, """¡¡¡que tengo que hacerlo!!!"""", cuando lo veo quejándose del "dichoso cinturón" cada vez que sube al coche y dice: "Maaaaaamiiiii...!!!") , lo bajo, tirando millas, antes de que nos den con la puerta en nuestras santas narices.

- ¡Vamos Bruno, que llegamos tarde!
- ¡Voy Mami! Pero es que no puedo ir tan rápido como tú. Yo tengo que hacer las cosas despacito.

¡No tiene cara! Pienso mientras le cojo la mano arrastrándolo como caja de cartón atada un hilo.

Llegamos a la puerta de acceso al colegio cuando, (puerta que está en un primer nivel donde hay unas escaleras que hay que bajar hasta alcanzar el patio donde recogen a los canijos), el pequeño trancas me dice justo en el rellano:

- ¡Mami! ¡Yo solo! ¡Vete ya! No hace falta que me acompañes. Quiero ir solo.

Imaginen mi cara. Si. Repito. Imaginen mi cara. Me quedé como un muñeco de escayola, tiesa. Me quedé como si en ese mismo momento me hubieran cortado la lengua como castigo medieval, sin palabras. Básicamente, no me lo esperaba. Resulta contradictorio después de todo lo dicho, ¿verdad? Pero reconozco que me dejó noqueada porque mi tierno corderito me estaba pidiendo autonomía, libertad, independencia, emancipación. Me decía: "Te quiere demostrar que es responsable, mayor,  ¿¿¡a sus cuatro años!??" Así que me dije, ¡reacciona! ¡Si se puede! ¡El canijo puede! ¡Yo puedo! Puedo dejarlo ir solo pero, ( no lo vean como un drama sino como una osadía por parte del canijo. Osadía que demuestra carácter o al menos, así me lo parece a mi), el control sigo teniéndolo, y las normas las pongo YO a pesar de su temprana emancipación y madurez.

- ¿¿¿¡¡¡Cómo!!?? ¿¿¡Qué quieres que me marche!??

Él, con cara seria y convencido no, con fe ciega, diría yo, en lo que decía.

- Si, Mami. Quiero ir solo. ¡Márchate!

- ¡No, espera! Bajamos la escalera juntos y me quedo hasta que llegues al patio.

¿Qué creen, que quedó conforme? Si conocen algo al canijo, ipso facto habrán gritado: "¡¡¡NOOOOO!!" Pues les diré que aciertan: la cabra tiró para el monte.

- ¡Que no Mami! ¡Yo solo! ¡Que me da vergüenza!

Uy, Uy lo que me ha dicho. Lo de ejercer de madre del artista me parece que no va mucho con el talante del canijo.

-¡¡¡Qué!! ¡Anda, tira y que yo te vea!

Más feliz que una perdiz iba el canijo con su mochila, que abulta más que él, mirando hacia atrás y haciéndome gestos con su mano para despacharme o quizás para, ¿¿¡¡tranquilizarme!!?? O quizás para eso, para demostrar al resto de su micro-universo que era mayor y no sentir vergüenza de su endeble, abandonada y espantada madre. Con una sonrisa de oreja a oreja, entre paso y paso, iba anunciando, a bombo y platillo, parando a todos comunicando su emancipación: ¿¿¡¡Mira, voy solito!!??

Mientras, en el otro extremo, como si de un paso fronterizo se tratara, paralizada, desconcertada aún, analizaba el florecer de esta incipiente etapa del canijo; la de dejarme claro que él ya es "mayor", lo de "mediano" pasó  como pasan las épocas de lógica evolución, y aunque no deja de sorprenderme y por qué no decirlo de convencerme cada vez más, que sí, que tiene razón. 

La emancipación es todo un hecho. ¡Sí se puede!


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lunes, 17 de febrero de 2014

Guerra de sexos

No espero una alta vida, ni deseos anhelados que me hagan morir sin morir, es algo más terrenal, es algo, como diría uno con un poco de sesera, de convivencia entre personas, entre el género humano.




Bregar con dos machos, siendo la única hembra en casa, es difícil y cuanto menos complicado...

Lo diré de nuevo:

Bregar con dos machos, siendo la única hembra en casa, es difícil y cuanto menos complicado.......(puntualización), a veces.  Tampoco tengo queja. Pero, "los peros" existen y es de persona honesta no negarlos.

Seguramente que después de soltar esta frase, abierta y dada a la especulación, con matización incluida, irremediablemente cada cual estará haciendo sus propias conjeturas imaginándose cualquier cosa. Y como soy de carácter arriesgado y atrevido, ejerzo mi derecho de expresar lo que me venga en gana, sin miedo a censuras, en el único sitio donde sé que nadie me ve y menos me lee. ¿¿¡¡ O si!!?? Partiendo de aquí, de esta soledad cibernética, por si alguien tiene el descaro y la osadía de leerme les diré que se tranquilicen; que les daré mi explicación de este vivo sin vivir en mi.

Le tengo declarada la guerra al canijo, y al padre también, aunque a veces hagamos piña, pero son las menos cuando me trata de histérica o encolerizada feminista. Señores, al canijo comienzo a verle un rejo de profundo macho que no me gusta nada. Y si lo dejo, creo que la deriva que puede tomar lo puede convertir en qué se yo que cosa...Me pongo a pensar, sin poder evitar erizarme, imaginándomelo. 

Les pongo en antecedentes.

Como saben, en breve, se celebran los carnavales. Pues bien, llevamos como un mes, más o menos, por no decir desde Septiembre, con el dichoso tema: "¿Cuando son los carnavales, Mami? ¡¡Yo me quiero disfrazar de Spiderman!!" Quien lo dudaría, ¿verdad?

Hasta aquí todo normal las ganas, la ilusión, la diversión y el deseo de disfrazarse: lo normal en un niño, bueno, y no tan niño. Pero, pero, pero, no. La cosa no queda ahí. ¿Por qué? Uno: ante el ansia vivaracha del canijo, todos de acuerdo. Pero, dos: ante la dictadura en adjudicaciones de disfraces según el criterio: eres macho toca macho, eres hembra toca hembra, no hay acuerdo. NO-NO. La guerra de sexos, cuerpo a cuerpo, en éstas fechas carnavaleras, ha llegado al umbral de mi humilde morada.

El canijo ha decidido de qué se disfrazará la familia al completo cosa que no le voy a negar que haga, al contrario, feliz estoy de que así sea pero- ("el perito")-, respetando un consenso... Pero-(otro "perito piloto"), nanai de la china. El canijo, ejerciendo un despotismo ilustrado, se pasa el consenso y  el derecho a la libre elección por el forro de su madre, padre y así hasta la duodécima generación de forros de ascendientes y descendientes familiares:

- A ver Mami. A ver Papi. Yo, me voy a disfrazar de Spiderman, (es obsesión). Mamá de Hulka y Papá de Hulk.

Así, sin más. Sin dar opción. Pero, (¿¡¡cuántos "peritos" van ya!!?), aún así, a pesar de su terca y aplastante propuesta, me revelo contra ella.

- Canijo, ¿y por qué no me puedo disfrazar yo de Hulk y Papá de Hulka?

Cual ráfaga de viento huracanado

- ¡¡¡¡¡¡No!!!!! ¡No quiero!

Insisto.

-A ver pero, ¿por qué? ¿Por qué no quieres?

-Porque los niños se disfrazan de niños y las niñas de niñas. Y tú irás de Hulka y Papá de Hulk.

Vuelvo a insistir con mi discurso: "desmontando mitos de género".

- ¡Pero, Bruno! Una chica puede disfrazarse de superhéroe, si quiere. Al igual que un chico puede disfrazarse de chica, si quiere. No hay problema en eso.

Terco como una mula.

- ¡¡¡¡¡¡¡No!!!! Las chicas no pueden disfrazarse de superhéroes porque superhéroes son sólo los chicos. Además, a mi no me gustan las chicas.

Esto último, "no me gustan las chicas", lo dijo sin pensar y creyendo, lógicamente a sus cuatro años es difícil  saber en qué clase de berenjenales puedes meterte con éste tipo de temas, que así zanjaría la cuestión pero...(perito al canto) topó con la mare que lo parió que no hace distingos, consecuencia de su devoto entusiasmo en estas lides, sobre si su discusión la está manteniendo con alguien que alcanza el metro de altura e incluso que podía ser hasta su hijo, así que le apostillo, con actitud picara, para comprobar su capacidad de respuesta ante este delirante y ofuscado pensamiento nacido de la ira y la rabia.

- ¡Bruno! Yo soy una chica entonces, ¿ no te gusto?

Rápidamente.

- ¡No! Tú eres mi madre.

Las madres por lo visto, y según esta afirmación, no tenemos ni sexo, ni género ni ná de ná. Somos eso, madres.

- Si, tú madre pero una chica.
- ¡No! Tú eres una mujer.

-¡Anda! Ahora una mujer. Y las mujeres que somos, ¿¡¡rinocerontes, Bruno!!!!???

Se calla. Arruga el hocico. Cruza sus brazos delante de su pecho. Levanta la cabeza y suelta.

- Bueno, está bien, esta bien. Cambiaremos el disfraz.

Pensé, "¿he ganado la guerra o una batalla?".

- Vale, ¿de qué quieres que me disfrace?

Dos segundos. Tan sólo dos diminutos segundos tardó.

- De, de, de, (se le dibuja una sonrisa en su oronda cara), .....SUPER-MANA!!....


En honor a la verdad, ¿subestimo a mi hijo? ¿Suelto los puños y me rindo? ¿Abandono la palabra y me rindo?... No, rendirse es de cobardes y la vida es para los valientes.
La guerra de sexos continúa. ¿Quién saldrá victorioso?.....



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miércoles, 29 de enero de 2014

Cuando sea mayor, seré...


El canijo se me hace mayor. No sé si llorar o alegrarme. No sé si comenzar a comprar velas y encomendarme a la virgencita para que su futuro sea lo más próspero posible pues según nos va, la cosa pinta negra. Y no sé si echarme a temblar por lo resuelto y lo claro que tiene que él en casa hasta los 30, siendo muy optimista, nanai. ¿¿¡¡Cómo va a sellll eso!!??

"¡Mami! ¿Sabes qué?"

Ya estamos. Pensé. "Dime"

"Cuando sea mayor y tenga una casa....

Ñooooossshh...Precoz independencia la de éste niño.

"......cuando tenga una casa, la quiero con patio. ¿Sabes por qué?"

"No. ¿Por qué?"

"Por que quiero tener un gato y dos perros. Ya que nosotros no tenemos, por no tener patio y porque a papá le dan alergia, pues los tendré yo."

¡Toma castaña! Sorprendente que a sus cuatro años comience a trabajar las indirectas; con cinco, quizás, me haga una declaración jurada, firmada ante notario, para solicitarme no sé, ¿¡¡unos bonos del Estado!!?

Pienso: ¿El canijo intenta decirme algo como...Mamá, ¿¡¡ quiero animales en casa!!?? ¡Pero si soy incapaz de cuidar a un ser vivo! (-sálvese el que habla. Pero de eso tiene la culpa el instinto. Les juro que yo, no fui-). Lo intenté con las plantas, y de higos a brevas las regaba sino les echaba el agua sobrante que caía del depósito del agua, que no podía tener más cal. Por sobrevivir, no me han sobrevivido ni los cactus. Y mira que un cactus es duro de pelar. Pues puedo decir que, en mi historial de aprendiz de botánica, se me ha muerto un cactus. Además, no sé distinguir un geranio de una mala hierba. Entonces, ¿cómo voy a poner en riesgo la vida de un animal? Esto lógicamente, el canijo no lo entiende, o si, no sé, pero tengo la excusa perfecta con el papá, su "maravillosa alergia", -aunque a éste si que le gustan los bichos, tiene un ramalazo Felix Rodriguez de la Fuente, del que yo no dispongo-, entonces A=A. Alergia, pelos, colapso respiratorio, muere el padre e ipso facto, muere el animal. Por tanto, NA-DA DE A-NI-MA-LES; y plantas, de plástico.

"¡Ah! Me parece bien, canijo."

"Si, Mami. Y, ¿Sabes cómo se llamarán?"

"No. Dime."

"El gato, miau. Un perro, guau y el otro, guaus"

Asombrosa la originalidad del canijo para bautizar bichos (esto con cariño, eh?). ¡Hombre! Pensaba que iba a arriesgar más con algo de mayor sofisticación como un : "Bobie, nombre de toda la vida para un perro. O, Kunta, (- perro que tuvimos mi hermano y yo cuando éramos pequeños. Si. Tuve perro. Pero nunca le eché cuentas. Sin embargo, el resto de niños de mi familia si. Pero el pobre, era más toro que perro. Me explico. Resulta que el gran pastor alemán, de pura raza, en lugar de realizar las funciones de can al uso, (vigilar, atacar y ladrar), era más manso que un ganso. Actitud que aprovechaban los salvajes de mis primos para torearlo cual toro de Manolete. Pobre perro-), ....o....o....o...no se me ocurre ningún nombre para gato, salvo misifú o misico, que es así como los llaman en mi pueblo. Estoy dejando al descubierto mi amor por los animales, ¿verdad?

"¡Ah! Entonces, miau, guau y guaus. Pues está bien!

"Si. Mami. Y además, como me casaré con una chica..."

Aquí metí una cuña aclaratoria: aquella que siempre le hago y aquella que él siempre me deja claro a mi.

"....O chico"

"Mami, ¡jo! Chica, chica. ¿¿¡Cuántas veces te lo tengo que decir!!??"

"Vale, vale."

"Bueno, mejor no. No me casaré. Estaré solo."

Descarta el chico y escoge vivir sin problemas él, y de rebote yo como futura suegra.

"Y Bruno, para tener una casa tendrás que trabajar, ¿no? ¿Tú qué quieres ser de mayor?"

"Pues Mami, futbolista, (vamos bien, pensé), baloncestista, (ganan menos pasta y de altura, no anda muy bien), patinador, (¿¡¡patinador!!? Bruno con, ¿¿mallas??), policía, (¿¡¡policía patinador y con mallas!!?? Creo que le tengo que enseñar el video de los "Village People") y bombero, (ahí quería llegar yo.)

¡¡¡BOMBERO!!! Qué ganas tiene de hacerse mayor para convertirse en mito erótico de mujeres y, por que no decirlo, de hombres también.

Respuesta, previsible, del canijo ante este último y calenturiento pensamiento: "¡¡Mamiiiiiiiii!! de  chicas, deeeee chiiiiiiicas!!"



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miércoles, 15 de enero de 2014

Un secreto misterioso


No sé si lo que voy a contar me va a traer consecuencias en un futuro no muy próximo. Ya saben aquello de: "eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras", ¿verdad? Pues a pesar de intuir el peligro que quizás me condene a convertirme en fuego fatuo y me reprochen de por vida arriesgando a ganarme la condición de cotilla redomada y no de fiel, incondicional y leal madre, a mi esto de guardar secretos y más tratándose de quien me los cuenta, rompe cualquier tipo de confianza filial. Bueno, por ahora. Y puestos a justificar mi vil comportamiento he de decir que el juramento, por supuesto, no fue ante notario así que no se ha podido dar fe pública del hecho en sí. El juramento fue, ya saben, de esos fingidos en los que mientras, falsamente, te besuqueas el dedo pulgar  de la mano derecha, jurando y perjurando que el secreto confiado se irá contigo a la tumba, con la izquierda, apostada detrás de tú espalda, haces la cruz, con indice y anular, al más puro estilo Judas Iscariote. Método nada ortodoxo, pero seamos sinceros y honestos, practicados toda la vida, generación tras generación, entre padres e hijos, amigos de infancia e incluso con aquel novio....Ejem, eso es harina de otro costal... Así que la validez de la promesa toma la consistencia de... cero patatero. Y por tanto, la quema en el infierno por revelación de secreto de sumario, en principio, la tengo descartada. La mala conciencia!!?? Eso!!?? Eso ahora, no importa.

Dejando atrás justificaciones banales y entonando mi mea culpa, por adelantado, - el caso es que me da nosequé contarlo, pero las ganas me pueden-, ahí voy. De perdidos al río.

-¡¡Mami!!
- Dime, cariño.
- ¿Dónde voy a celebrar mi cumple cuando cumpla cinco años?
- Pues no sé, canijo. Todavía falta mucho para tú cumpleaños. ¿Dónde quieres celebrarlo?
- Pues Mami, quiero que sea en el mismo parque de bolas donde lo celebramos cuando cumplí cuatro.
- Bueno, ya veremos. A lo mejor lo podemos celebrar en otro sitio más chulo.

Seguimos camino a casa. Escuchando música. Cantando. Vamos, lo normal. Lo de todos los días. Has ta que...

- ¡¡Mami!!
- Diiiiime.
- Cuando tenga cuarenta años, también voy a celebrar mi cumpleaños en un parque de bolas.

¿¿¡¡Esto, es una afirmación!!?? No es una pregunta. Me sorprende y me asusta. No sé que fijación tiene el canijo con los cuarenta. Últimamente repite demasiado esa edad. Me pica que éste niño me oculta información.

- A ver, canijo, ojalá, ojalá y cuando tengas cuarenta años, ¡¡¡YA NO ESTARÁS EN CASA!!! Y lo celebrarás con tus colegas de marcha. O a lo mejor, tendrás novia o novio...

De repente, sobresaltado, me replica sin dejarme terminar la frase.

- ¡¡¡¡¡Mami!!! ¡¡¡Qué soy un niño!!! ¡¡Qué a mi me gustan las chicas!!! ¡¡AAAAyyyy Mami, qué despistada estás!!! ¿¡¡¡ No ves que yo soy guapo y le gusto a las chicas!!???

Marcando territorio e identidad.

Seguimos. De fondo la radio. Y de nuevo....

- ¡¡Mami!! ¿¿¡¡Sabes qué!!??

Bajo el volumen de la radio...

- A verrrr, diiiime.
- ¿Te cuento un SECRETO MISTERIOSO? Pero te lo cuento, si me prometes que no se lo vas a contar ni a Papá, ni a Tata, ni Abuelito, ni Abuela, ni a Abu.

A continuación: beso pulgar y cruzo dedos...

-Mami, cuando tenga "CUARENTA AÑOS" me voy a casar con Julia.....


¿Entienden ahora porqué he hecho público éste secreto misterioso? Porque en realidad esto de secreto, tiene más bien poco. Pero de misterioso, incierto y enigmático, mucho. ¡¡¡Esto es un drama!!! El reflejo de la realidad actual. Mi hijo, amenaza con quedarse en casa hasta que cumpla los cuarenta; continuar celebrando su cumpleaños en un parque de bolas hasta la edad de la jubilación, por lo que intuyo, y además, meterme a la nuera en casa. Si Rajoy no arregla esto, a ver quien carajo va a sacar el país adelante, ¿los superhéroes?



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