martes, 12 de noviembre de 2013

Debut como suegra



En cada madre, ¿hay una suegra en potencia? Habrá quien piense que sí con fe ciega, sin atisbo de duda. Y habrá quien piense que no, que eso es sólo producto de dichos que han tomado legitimidad por costumbre y que por tanto cada cual maneja ,erróneamente, a su antojo. En mi caso esta frase rezuma un regusto, como otras tantas, machista y nada positivo. Hagan la prueba sino. Pongan en la barra de búsqueda de google, "frases para suegras", y verán tooooda una retahíla de clasificaciones, que carecen de bondad por naturaleza, que espanta: malas, metiches, buenas (pocas), que te odian, celosas, envidiosas, de facebook (esto, ¿es bueno o malo?), hipócritas, falsas...Con estas descripciones, ¿quién quiere tener una suegra? Yo, desde luego, no. Me niego, me entristece, (bueno, no es que me fustigue por ello), pensar que mi destino como futura suegra, por que lo seré, arrastre esa connotación pérfida y malévola. De hecho, este deseo de NO convertirme en la madrastra de blancanieves tiene su sentido. Me explico. Hay una canija morenita con carita de ratoncita Minie, preciosa, dulce, con un salero que quita el sentido, que me anda rondando. Que me está camelando. Bueno, no sólo a mi, al canijo lo tiene como un príncipe. Como un príncipe de Beckelar. ¿Por qué? Por que lo infla a galletas de chocolate, de crema, maria, cereales. Cuando llego a buscarlo por la tarde, es rara la vez que no me lo encuentro con unos enorrrrrmes churretes de chocolate alrededor de su boca. 

Bruno, ¿y esa boca?
Mami, I. que me dio galletas.
¡Pero bueno! I. te cuida mucho, ¿no?
Si, mami. Siempre me da galletas hasta que tú no me traes la merienda. 

Mientras, al otro lado de la puerta se oye una dulce, seseante y diminuta voz.

-¡Mami! ¡Mami de Bruno!
- ¡Hola, mi amor! ¿Qué pasó?
- ¿¡Viste, le dí galletas a Bruno!?
-Si, cariño. Ya lo vi. ¡Muchas gracias!
- Es que yo cuido mucho a Bruno. (¡Zas! En toda la boca con cuatro años).
- Ya, cariño. Ya lo veo.

Mientras, con cara de esto no va conmigo me quiero ir a jugar con mis colegas por favor déjense de tanta ñoñería, el canijo tirando de mi pantalón y chillando como una cría de gorila me pide que deje ya el almíbar con mi futura nuera y tire para donde están los machos. 

- ¡Vamos, mami! ¡Deja a I. y vamos con D.!

Como si se tratara de una despedida entre dos amantes, reconozco que me costó decirle adiós a ese bombón, el canijo tiraba de mí mientras yo giraba mi cabeza y alzaba mi mano diciéndole, atropelladamente, adiós a I.

- ¡Hasta mañana, mi niña!
- ¡Adiós, Mami de Bruno! ¡Adiós, Bruno!

El canijo volaba. Corría como alma que lleva el demonio. Impaciente por el encuentro con el resto de crías de homínido. Mientras que yo, (me faltó correrlo a cocotazos) le reprobaba su falta de tacto y galantería: ni un beso volado se digno a echarle a mi futura. Hombres, pensé.

Pero es que la cosa no queda ahí. Mi preciosa ratita presumida todos, todos, todísimos los días, si no me doy cuenta, llama mi atención para saludarme, para darme los días, para dedicarme una sonrisa. Es una auténtica ricura. Y yo no me puedo resistir. No. Cuando la veo alzando su mano, buscándome para sentirse correspondida con mi gesto de cortesía para con ella, su cara se ilumina. La sonrisa, modo rodaja de sandía, explosiona en toda la superficie que rodea al colegio. Y a mi, se me cae la baba.

Así que por mi parte, ésta niña me tiene en su redes. He caído, indefectiblemente, en sus manos. Y creo, que  yo he caído en las de ella. Ha surgido la conexión. El buen rollito: suegra-nuera. Lo que no me queda tan claro es si por la parte del canijo la cosa es tan intensa ya que sé, como futura madre de conquistador, que hay otra hermosura, menos cameladora, eso sí, que anda rondando los huesos del canijo. Así que, ni corta ni perezosa le lanzo: 

-Canijo, ¿quién es más guapa, I o C?  
- ¡Jo, Mami!
- A ver, ¡contesta!
- Pues C., Mami.

Mis oídos no podían creer lo que estaban oyendo. Pero lo más increíble de todo esto era mi actitud de posesa: I. había causado un efecto en mi de soberano hechizo. Pensaba: "¡Yolanda! ¡Esto es ridículo!, ¡Por el amor de dios, que sólo tienen cuatro años!" Pero, ¡oye! Tenía una picazón que no me dejaba existir con esa holgura de madre que no quiere interferir en afirmaciones primogénitas o sea, modo   "me la sopla". Y de nuevo, me asaltó la curiosidad y la necesidad de que me diera una razón, con FUNDAMENTO, del por qué C. era más guapa que I.

- ¿¡Cómo!?
- Si, mami, C.
- ¿Y, por qué?
- Pues muy sencillo, POR QUE ES RUBIA.

¿Qué hacer? Uno. Tragarme mis palabras y seguir, como corriente de agua, con mi nueva identidad de pusilánime suegra bajo el hechizo de mi adorada y cameladora morena conquistadora. O dos. Ser directa y manifestarle a la enamorada, (fíjate si soy buena suegra, que ni tiro para el canijo Don Juan), echando mano de un feminismo primitivo, defensivo, puritano, que la ruina de una mujer empieza inevitablemente cuando se enamora de un hombre.

Mientras lo pienso, dejaré el traje de suegra colgado y me dedicaré a lo mío...A ser una madre en potencia!!

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