domingo, 29 de mayo de 2011

De trajes regionales, de comidas y nacionalización

"El próximo 29 de Mayo tendrá lugar una pequeña celebración por el Día de Canarias en la guardería. Todo aquel que quiera podrá traer vestido al niño con "EL TRAJE DE MAGO". También se podrá traer "COMIDA TÍPICA CANARIA"  para compartir con el resto de los padres y madres…"

Esta fue la nota, "sorpresa", que encontré en la mochila de Bruno, y tal fue el shock que tuve que leer la circular dos, e incluso tres veces para cerciorarme de lo que en esa nota se nos estaba solicitando: testimoniar el fervor patriótico de la quimérica "Nación Canaria" o lo que otros, con mayor fervor  independentista llaman, "La Fiesta Nacional de la República de Canarias". Denominación, -me van a permitir una arriesgada observación-, que forma parte del ideario político del nacionalismo más recalcitrante, terco y rancio; mientras que para otros, no encierra más que un día de vacaciones para disfrutar del folclore y hacer el paripé confraternizador bajo el espejismo de la identidad canaria.

Este hecho, y después de siete años, en los que he vivido en la más profunda ignorancia en cuanto a festejos de índole tradicional y popular canario, me hicieron reflexionar y aventurarme en el reto de comprobar cuanto me queda de vernácula y cuánto tengo de asimilada. O, cuánto me queda de forastera y cuánto tengo de nativa. Esto último, si se lo preguntara a Antonio Cubillo me daría la extradición en menos de decir amén.

Primer exámen: Trajes Regionales.

Miércoles 25 de Mayo. 10:00 de la mañana. Estoy en la La Laguna. Me dirijo a la búsqueda del traje de mago para Bruno sin tener nada clara la idea de que indumentaria comprarle pues a pesar de que en todas las islas se atavían de igual manera en lo básico, existen pequeñas diferencias que permiten distinguir a los habitantes de unas islas de los de otras e incluso entre una localidad o una comarca. Así que ya os podéis hacer una idea del lío en el que me podría meter si, - y agravemos más el tema, para una necia "goda"-, la elección de la vestimenta no era correcta y con ellos evitar posibles comentarios hirientes, irónicos e incluso burlones que pudieran crear algún tipo de conflicto o debate, socio-regional o socio-histórico, dentro del cónclave de la guardería.

Nota aclaratoria: "He de decir que me llevé alguna que otra grata sorpresa con algunas madres, canarias, que también estaban en la misma situación que yo en cuanto al desconocimiento de encontrar la vestimenta tradicional de la isla hecho que me consoló bastante, todo hay que decirlo."

Recorrido de una hora y media. Cuatro tiendas visitadas. Noto que se va incrementando exponencialmente mi ansiedad de forma agónica si el desenlace de este entuerto no llega a buen puerto. Pienso: "las decisiones más cruciales de la vida se reducen a una cuestión de confianza." Y me repito: "Voy a encontrar el puñetero traje. Voy a encontrar el pu-ñe-te-ri-to tra-je-ci-to..." Por fin, me decido por una tienda pero del traje, nada de nada. Vuelvo a mirar. Cojo el que la mayoría de las mamás pondrán a sus hijos por ser el más barato y lo más acertado e inteligente de hacer:"Total es para un rato y el año que viene no le va a servir". Es lo que en el argot familiar se denomina: MIRAR POR LA ECONOMÍA FAMILIAR. Pero, cual no sería mi cara, entre espantada y acojonada, que la dependienta se me acercó para darme asesoramiento, -para ser franca, por lástima-, seguramente pensaría: "la pobre godita. Esta hecha un lio. Nadie le hace caso. Voy hacer la buena acción del día que seguro que la virgen de Candelaria me lo agradecerá." Mientras, yo, más despistada que un mono en una feria, sujetaba en una mano un sombrero de ala, de color negro, junto con el traje "barato"; en la otra, SIN SABERLO, REPITO, SIN SABERLO, llevaba unas prendas sueltas que resultaron ser la vestimenta de Gran Canaria, -así me lo confirmaría, poco después, Mi  inestimable Personal Chopper nativa-, pantalón beis, chaleco de rayas marrón y beis, fajín marrón, camisa beis y sombrero, esta vez de paja. Con la indecisión en la cara y con la firme, bueno, casi firme convicción de que ya tenía elegido el traje y resuelto el entuerto, continuaba con pensamiento dubitativo, vacilante, balanceando de un brazo a otro mi elección entre un traje u otro: "Este, o este. Este, o este..." Hasta que "MI PERSONAL SHOPPER" me dijo: "El más bonito es el de Gran Canaria. Le puedes poner el fajín que quieras. Y el sombreo puede ser tanto de paja, como de fieltro. A mi me gusta más este que el de Tenerife." Pensé: "¿¡Me estarán haciendo una cámara oculta!? ¿¡Me estarán poniendo a prueba!?¿¡Cómo voy a vestir a Bruno de canarión!? ¡¡Estamos en territorio hostil!! Es exponerlo a una "apartheid infantil" premeditado simplemente por que a su madre le gusta más la estética de Mago de la ISLA DE ENFRENTE que el de donde tendrá su proyecto de vida. Pero mi decisión no se hizo esperar. Cerrando bien los puños, procurando contener las lágrimas, ahogando los gemidos y repitiendome a mi misma: "Esto no traerá daños colaterales", puse, con las manos temblorosas, en el mostrador "el traje" para a continuación decirle al dependiente: "ME LLEVO EL DE CANARIÓN…"

Segundo examen: Cocinando Garbanzas.

Soy rebelde por naturaleza, que le voy hacer. A pesar de mi suicidio por llevar a Bruno con el traje de canarión quise, en pro de buscar la reconquista, (utilizar esta palabra en boca de una "goda" resulta un poco suicida pero es la que me viene a la cabeza y no puedo encontrar otro sinónimo), la confianza y reconciliación con el cónclave educador de la guardería, decido hacer unas Garbanzas, comida típica dentro de la cultura insular. El MUST de la tradición insular. Hacer unas garbanzas, "buenas",  te puede asegurar la nacionalidad canaria y hasta me atrevo a decir, el título de hija predilecta. Es como superar a una madre en la tarea de hacer unas buenas croquetas o una apetitosa y esponjosa tortilla de papas: (la palabra patatas aquí está prohibida. Te hundirás en la miseria más profunda del "godísmo").

Intentando buscar la mejor fuente para recoger la receta y llevarme de calle a todos los que asistirán al festín caigo en la cuenta que tengo a la persona ideal, la nativa perfecta. Una persona, oriunda, autóctona y natural del Valle de las Mercedes. ¡¡Qué más se puede pedir!! Recurro pues a su ayuda y le explico mi desasosiego y angustia por mi desconocimiento en la elaboración de platos canarios. Sin más, la primera receta que sale de su boca es : "¡¡¡Haz unas Garbanzas!!!". "Hala, qué confianza me tiene!!", pensé yoAnda que me dice, lleva un poco de Gofio o un bizcochón. He de reconocer que pensé en llevar un bote de Ketchup Libby´s o un par de botellas de appletise o de cliper de fresa, pero la vergüenza me pudo. Total, qué decido hacer las garbanzas. Compro todos los ingredientes y decido hacerlas el día de antes para probarlas y que mi queridísimo, como nativo, hiciera de jurado al más puro estilo "Mater Chef", aunque en este caso lo bauticé como: "OPERACIÓN GANBANZA: EN BUSCA DE LA NACIONALIDAD Y LA SOCIALIZACIÓN PARENTAL Y MARENTAL EN EL DÍA DE CANARIAS."

Otra hora y media me llevaron la dichosas garbanzas. De los nervios estuve esa hora y media, tensa como una vara de cañizo. El suspense por que la vianda, el condumio, saliera exquisito, sobresaliente, espectacular, me tenía consumida consumida pensando que no fuera el futuro catalizador de un estrés postraumático en el caso de que no saliera triunfante de la misión GARBANZA.

Las garbanzas están listas, esperando a ser probadas por el paladar de mi autóctono cónyuge. Tres de la tarde. Llegó la hora. Todo está preparado. Nos sentamos. Levantamos nuestras cucharas y las introducimos en el plato… (SILENCIO. SSSSSSSSSHHHHH….) Sublime, colosal, maravilloso: "¡¡Ñoo... mi maaadre!! ¡¡Mi niña!! Son las mejores garabanzas que he probado en mi vida." Así lo anunciaba mi queridísimo, había triunfado. Pero claro, esto para mí no era una valoración objetiva, por amor y cariño todo se puede hacer así sepan a perros muertos. Inasequible al desaliento el reto lo veré superado cuando las prueben en la guardería.

Llegó el día. Con mis garabanzas en un tupper y con la moral bastante alta llego al porche donde están todos los padres y madres en una mesa llena de pasteles, bizcochones, tarta de chocolate, jugos y alguna cerveza, sin alcohol, (lo cual, no que desanimó, sino que paradójicamente, en cierto modo, me hizo sentirme más poderosa pese a sentirme la víctima), dejo como el que no quiere la cosa con la mayor discreción, de forma, diría, sibilina "LAS GARBANZAS". Me retiro. Voy en busca de mi churumbel y justo cuando estoy saliendo hacia el patio oigo: "Muchacha, ¿¡quien trajo las garbanzas!?". Me quedé helada, como un icerberg. Las piernas me temblaban, la boca se me quedó seca y como pude, con un hilo de voz, dije: "So-so-so-son mi-as".. La vi con un plato en el que había echado un poco de garbanzas y papas arrugás e incluso vi como le daba garbanzas a su hija,- creo que toda una temeridad sabiendo ahora quién era la cocinera, la mamá goda de Bruno-, "Muchaha, están buenísimas, ¿¡las has hecho tú?!". Claro, esta pregunta era imprescindible, entiendo la desconfianza patria: "Si", le contesté. "Pues prueba superada. Me llamo Rita. Y ¿tú?" Por fin, LLEGÓ LA HORA, la operación Garbanza se había resuelto positivamente...En mi pensamiento sólo retumbaba una frase, gracias a las Garbanzas: "Rita, presiento que este es el comienzo de una gran amistad."

Tercer examen: Adquiriendo la nacionalidad.

Cada vez está más cerca mi sueño de nacionalizarme. Ya me veo con Manuel Artiles, en una ceremonia protocolaria, con la bandera de canarias a su derecha la foto de Paulino Rivero a su izquierda y en el centro una foto conmemorativa de "Pancho" el mero difunto de la isla del Hierro, y enfrente yo, jurando devoción a la patria canaria. Escalofríos me dan nada más que de pensarlo sobre todo por compartir escenario con Manuel Artiles: ¡¡Ese sex simbol!! Después de Bermúdez, claro.

Esta historia ha sacado lo mejor de mi; ha puesto de relieve mis recovecos más insólitos e insospechados en cuanto a historia, tradiciones y arte culinario canario.

Desde aquí reivindico mi nacionalidad, mi nueva identidad, mi nuevo D.N.I, EL CANARIO. A las pruebas me remito.

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