lunes, 22 de agosto de 2011

felices vacaciones II

..."El viajar es un placer, que nos suele suceder. En el auto de papá nos iremos a viajar. Vamos de paseo pipipi en un auto feo pipipi pero no me importa pipipi porque llevo torta pipipi"...
Así, con la banda sonora de los payasos de la tele, y en concreto con la tonadilla "en el auto de papá", se desarrolló la segunda parte de este periplo vacacional hasta mi tierra mora.
Felices, contentos, satisfechos por el viaje tan estupendo que tuvimos, recogemos nuestro equipaje y nos dirigimos al mostrador de alquiler de coches. Siempre me ha cabreado mucho, una vez cerrado el contrato del coche, las explicaciones que te "lanzan"para encontrar el vehículo: "Salga del aeropuerto. Verá un pequeño montículo. Siga hacia delante. Luego gire a la derecha. Verá a una persona de nuestra agencia que le entregará la sillita para el bebé y que le indicará donde se encuentra el vehículo." Vale. Hasta aquí, todo bien. Bueno, no. Nada más salir del aeropuerto, equivocación. Teniendo el montículo justo delante de nuestras narices, lógicamente, al igual que cualquier mortal, en vez de ir por la derecha, que justo es donde estaba el badén, no sé porqué razón, o si tiene algo que ver con alguna ley física, nuestra tendencia es la de dirigirnos hacia la izquierda. Gracias que el trayecto no fue mucho, pero bastó para que comenzara el desbarajuste dentro del parking del aeropuerto.
Rectificamos, al igual que los pilotos de carreras, y ya en la dirección correcta y con la instrucciones memorizadas, giramos a la derecha y efectivamente la trabajadora nos estaba esperando con la sillita de coche y con bastante prisa. Y las prisas no son buenas consejeras."Señorita, ¿nos podría indicar cómo llegar hasta el coche?"La sevillana nos dice: "Clarooo, zi. Uté, zale ahora de agquí y ¿ve donde etá la máquina pa pagar el coshe? Po zigue reto. Verá un pazo peatone. Zigue, zigue, zigue. Luego a la deresha. Verá donde etán tó lo coshe de la caza de alquilé. Po tuerce a la iquierda y allí eta." Contestación nuestra: "Estupendo. Nos ha quedado clarísimo. Gracias." Boquiabiertos, estupefactos. Como dos pasmarotes y sin saber como, nos dimos media vuelta para iniciar nuestra particular Odisea.
Con Bruno en brazos. Jose llevando el carrito, que resultó ser más un estorbo que un apaño y motivo para aumentar la ansiedad del momento,- el puñetero carrito no iba derecho ni "pa trás"-, mi Ulises casi se deja, las cervicales junto con la garganta, soltando improperios y blasfemias al amasijo de hierros con ruedas. Por fin, encontramos el coche: creo que jamás me había encomendado tanto a un santo como en esta ocasión.
Dispuesto el equipaje en el maletero; Bruno en su sillita; yo junto a él; y Jose conduciendo, partimos rumbo Granada. Ahora la prueba siguiente era: Salir del aeropuerto. Primer obstáculo: encontrar la indicación de salida. Cómo ya he comentado al principio, la tendencia fue la misma: ir en dirección contraria para salir al acceso de autopista. Esta vez los candidatos a recibir los insultos fueron: AENA, la empresa que gestiona el parking, Obras Públicas y si me apuras, hasta los mismísimos Payasos de la tele que se escuchaban de fondo haciendo las veces de censura sonora a cada blasfemia que se soltaba en el interior del coche.
Salimos y, segundo obstáculo: programar el GPS. El GPS se rie de mi queridísimo haciéndole dar vueltas sin parar en una rotonda, cual tiovivo; lanzándonos hacia una base militar en el culo de Sevilla. Hasta que, tras el correspondiente insulto al cacharro (¡Me cago en el puto chino que te fabricó!) y vuelta a restablecer la ruta;  por fin nos vemos, sin saber cómo en la A92 hacia Granada "Tierra Soñada por mí".
Por fin, las vacaciones iban a comenzar. Por fin, la caló, las cervecitas y el tapeo. Por fin, la Operación "XXS" iba ha hacerse realidad: Xola, Xiringuito y Sol. Bienvenido querido verano!!!

sábado, 6 de agosto de 2011

Felices Vacaciones I

¡¡Felices vacaciones!! A pesar de que la intención es esta: disfrutar, no hacer nada, bañarse, cerveza, tapeo y olgazanear mucho, mucho. En este momento de nuestras vidas, y a esta altura de la película, parece que no nos hemos enterado de que la palabra, planificar: no forma parte de nuestra actual situación. De hecho, la noche antes de partir rumbo a mi tierra querida, Bruno nos sorprendía con un pico de fiebre y con una de sus, ya olvidadas, pero necesarias purgas de mocos, que nos hacían presagiar que el comienzo de unas maravillosas vacaciones estivales se verían truncadas por un virus entrometido y agua fiestas. 
Las 5.30 de la mañana. La noche, prácticamente en vela. Suena el puñetero despertador. Remoloneando y pensando, al igual que hacía una amiga de infancia: "Que llegue la noche para poder dormir otra vez", (a esto se le llama vagancia extrema). Nos levantamos más zombies que, que. Hasta eso de las 6.30 no comenzamos a cruzar palabra mi queridísimo y una servidora. Aunque mi dulce "romeo" farfulló una palabra nada más verme:"¡Qué!" Mi contestación no se hizo esperar. Con la cara de un indio con las pinturas de guerra, le manifesté con una subida de hombros, que estaba echa una verdadera piltrafa y que a ver quien se metía ahora, 11horas de viaje ¡Cuanto significado tiene el lengua no verbal! ¡Y qué listo mi queridísimo que ni me rechistó!
Después de dar......una ciento cincuenta mil vueltas, motivadas por la falta de sueño. Y después de haber comprobado, otras....ciento cincuenta mil veces que no faltaba nada, siguiendo ordenes de cabo furrier Gálvez. Ponemos rumbo al aeropuerto Norte. Viento, no. Nublado, no. LO SIGUIENTE. El clima perfecto para coger un vuelo. La cara del oficial Gálvez era todo un poema. Y la mía: de nuevo recurría al lenguaje no verbal. Mueca con la boca, bufido y mano en la cabeza. Recurriendo a una de mis frases favoritas, -cuya autora provoca en mi un instinto asesino, debido a esa continua repetición de palabras y frases, DORA LA EXPLORADORA-, suelto la expresión trillada: "ÁLA. FIESTA TRÍO."
Pasado el percance climatológico. Llegamos al mostrador de facturación. "MALETAS". ¡¡Qué gran tema!! Desde el lunes llevaba preparando la dichosa maletetita, aunque de maletitia tenía más bien poco. Cada vez que mi queridísimo la veía expuesta en el cuarto de invitados, lo único que se le oía decir era: "Dios. ¿Y todo eso vamos a llevar? Mira que como nos pasemos del peso nos van a meter una clavada de mil pares." Mi respuesta, recurrir a la amenaza que siempre funciona con los hombres, en estos casos: "Eso se arregla fácil. Hazla tú."Fin del conflicto. No hay cosa que me de más coraje en esta vida, (bueno hay otra, llevar calcetines de color blanco con zapatos), que los aprendices de adivino o vaticinadores de tres al cuarto. Ahora, resulta que mi queridísimo se ha convertido en uno de ellos. Cómo decía, mostrador de facturación. Mostramos todos los documentos. Llega el momento de subir la maleta a la cinta. No se como decirlo. A ver. A José casi le da un colapso. Y a mí casi me fulmina con la mirada. La profecía de: "TE LO DIJE. ¿VES? TE LO DIJE, QUE ERA DEMASIADO EQUIPAJE", se iba a cumplir. 32 kilos de peso. La azafata de tierra nos dice que nos pasamos en un kilo. Que por normativa en prevención, los trabajadores nos pueden levantar más de 31 kilos. "!!No-me-jo-...-as!!" Pensé. José mientras, histérico. A punto de sufrir convulsiones. Me mira, cual inquisidor general para decirme: "¿Y ahora que hacemos? ¿eh? ¿qué hacemos?" No es por nada, pero mi pericia me avala y me precede al igual que Macgyver. "Abre la maleta. Saca los neceser." Dice el papá en apuros: "¿y dónde los metemos? Le contesto. "En mi bolso. Y en la mochila de Bruno."Ahora ya sabéis porqué las mujeres llevamos los bolsos tan exageradamente grandes, por si en el aeropuerto no te facturan la maleta y así  poder cargar los neceser.
El vuelo se desarrolla sin contratiempos. En tierra ya, con todo el equipaje perfectamente dispuesto en el carrito nos dispusimos a emprender la segunda parte de nuestro viaje Sevilla-Granada en carretera...



martes, 26 de julio de 2011

Carpe Diem

He de confesar, que lo que para muchos el inicio de la semana supone un sacrificio casi depresivo, para mi, es toda una liberación cuando dejo al churumbel en la guardería. Sé que a lo mejor por ello, no soy una madre perfecta. Qué decir esto quizás suponga renunciar, voluntariamente, a la entrada en el selecto club de las entregadas, pusilánimes y abnegadas mamás. Pero es la verdad. Liberada y llena de ideas para planificar el día; las 7 horas que pasa el canijo fuera, es como sufrir un espejismo en la llanura de un desierto: fugaz y efímero. Pero esta breve e intensa sensación de libertad me sorprende de nuevo para darme cuenta que a pesar de no recordar cuando fue la última vez que me tomé una tarde libre o, sencillamente, estar quince minutos sin hacer nada, absolutamente nada: Carpe diem, vive el momento, aprovecha el momento. De los 420 minutos de soledad marental, cada hora, cada segundo, cada minuto pienso en mi pequeño polluelo. Deseosa que llegue el minuto 419, para escuchar la voz gritona, puntiaguda y escandalosa de mi bebe que suena como eco reflejado a lo largo del pasillo que va desde el ascensor a la entrada de casa. La emoción de sentir la alegría y el alboroto de mi niño por el pasillo, no se puede igualar a nada: experimentarlo es indescriptible. Corro hacia la puerta a toda velocidad para abrirla y recibir, -al igual que si se tratara de un semidiós-, de cuclillas y con los brazos abiertos a mi pequeño Pavarotti. Y la imagen es insuperable. Sonrisa de oreja a oreja; abrazo fuerte, lleno de besos. El silencio taciturno, de la mañana, deja de ser afónico para dar paso al jaleo grandioso de mi parlanchín.Y pienso: Carpe Diem. No dejes que el presente se te escape de las manos; haz todo cuánto puedas para no perder el preciado instante de amar, de aprender, de ir más allá, de crecer como persona y de no dejar que la vida se te pase sin detenerte a reflexionar en lo que le da su verdadero significado: mi pequeño canijo de las "foles". ¿Será que el amor amorfa la identidad?

miércoles, 20 de julio de 2011

El cónclave del Parque. Pacto entre caballeros y otras reflexiones.

El parque que hay justo al lado de casa, bueno: la plaza con dos columpios, un caballito balancín y un amasijo de hierros, o aparato gimnástico, compuesto de dos grandes argollas de madera natural sujetas por dos correas de cuero y una barra fija. Resultan ser la composición lúdica que forma este "peculiar" "mini-mini-mini parque". 

No hace falta ser muy avispado/a para darse cuenta que en este "parque/plaza", los conflictos de juego por competencias de espacio son, y serán evidentemente palpables, visibles e inevitables. Pese a ser conscientes de tal hecho, nos arriesgamos a pasar un rato para complacer la martilleante tozudez-evitando con ello una severa cefalea- de Bruno por montar en los columpios.

Compartiendo espacio con niños/as de 5 a 6 años en el parque, Bruno, a pesar de ser un enano al lado de gigantes, y sin mostrar el mayor atisbo de miedo, susto o congoja se interesaba por los juguetes y juegos de los próceres del parque pues les resultaban ser más novedosos e interesantes que los propios. Deambulando de acá para allá. Curioseando y explorando todo. Pero, jugar, lo que se dice jugar con sus iguales, con otros niños de su edad, nada de nada. Con lo cual, os podéis hacer una idea de como Bruno se estaba convirtiendo en un elemento perturbador difícil de ignorar para el desarrollo del juego del cónclave infantil.

De repente, como si se tratara de un equipo de jugadores de baloncesto: reunión para planificar estrategia de juego. Objetivo: despistar y sortear al enano entrometido. Reunidos, emulando a la mesa mítica de Camelot, con sus brazos dispuestos en el hombro del contrario y sus cabezas gachas cuchilleando sibilinamente, como atajar y resolver con inteligencia colectiva, la intromisión en sus juegos del pequeño invasor. 
Finalizada la sesión extraordinaria del corrillo de nobles mortificados. El cabecilla del sarao, un moreno retaco de unos 6 años, fortachón, rechoncho, listillo y espabilado, se dispuso a manifestar las conclusiones y el fallo de la sentencia a la que habían llegado en la mini asamblea. Dando un paso adelante, gira su cabeza al lado derecho, localizando a Jose (padre de la criatura que iba a pasar a ser juzgada y condenada). "¡Señor!"Dice el morenito fortachón. "¿Si?" Contesta el Papá. -Mientras, yo, la madre del acusado, sigo la jugada desde la retaguardia. Impasible, perpleja, estupefacta, deseosa por saber cual sería el decretazo.- Continúa diciendo el regordete: "Verá. Querremos seguir jugando al fútbol. Pero como el parque es muy pequeño y el niño va por todos los lados. Lo que haremos será jugar con cuidado de no darle un pelotazo." El padre beligerante, y ansioso de socialización contesta: "Vale. No hay problema." Yo, no estando en absoluto de acuerdo con aquella propuesta, miré al padre con mirada asesina advirtiéndole que nada del pacto se iba a resolver con éxito pues cada niño/a tiene su tiempo para adquirir el sentido de colectividad, compromiso y ley distributiva. Sino al tiempo.
Efectivamente, al cabo de 5 minutos de juego Bruno iba a ser atropellado por el tsunami gordinflón pedante del parque. Lógicamente, el pacto entre caballeros lo rompí dando un soberano chillido. Conteniendo, eso si, cualquier tipo de blasfemia. "¡¡¡CUIDADO CON EL NIÑO!!!" Sin poder evitarlo, mi cabeza, al igual que Regan MacNeill (niña de la película "El Exorcista"), se volteó, dirigiendo mi mirada parricida hacia mi queridísimo, para soltarle: "Los niños/as, al igual que los políticos/as: NUNCA CUMPLEN SUS PROMESAS. Además, no entiendo el empeño por querer interactuar. ¡¡YA TENDRÁ TIEMPO!!"
A raíz de esta historieta surge una reflexión personal sobre la obsesión de muchos padres, la mayoría de las veces impuesta por nuestros familiares, o al menos este es mi caso, de la obligación de llevar a los niños pequeños a los parques con la idea de que es bueno que se relacionen con otros críos. Conclusión que no se de donde  la sacan. Además, para mí supone un reto: mi relación con los parques infantiles se asemeja a la de  Jesulín con Belén Estebán, IM-PO-SI-BLE. Por no ir a un parque infantil: ¡¡MA-TO!!. Los parques infantiles me suelen poner bastante nerviosa. Pero...no me queda otra.
Me pregunto por que los/as progenitores estamos empeñados en que nuestros hijos, desde bien temprano compartan, dejen,  presten y se relacionen si por lo general, en la mayoría de las ocasiones, lleva a la frustración, enfado o llanto del niño. Y si esto acaba así es de sentido común pensar que los niños a estas edades no están preparados para esta interacción social. Es tan simple como pensar; ¿los adultos compartimos, dejamos, prestamos?
Una observación. Una pareja llega al parque, con su hijo de 2 años, el cual lleva su juguete favorito, un coche. De repente otro niño reclama el juguete del pequeño. No es extraño  escuchar como los padres incitan al niño a compartir, a que se lo preste, a que se haga amiguito del otro niño. Y el pobre niño estalla en un llanto, seguro de rabia e impotencia. Pero, ¿dejaría su padre, o su madre, su bien más preciado a un desconocido? Por ejemplo, su ordenador portátil. O su magnífico coche. Seguro que no se lo prestaría a nadie, mucho menos a alguien a quien no conoce. Esperamos que los niños hagan cosas que nosotros como adultos jamás haríamos.
Creo que no hace falta que los padres hagamos nada, la socialización vendrá sola. Debemos aprender a RELAJARNOS. Llegará el día en que los niños/as vayan al parque y busquen a sus iguales, y será entonces cuando no les importe dejar su pelota, compartirla con otros niños para así jugar juntos, o intercambiar un juguete, porque definitivamente entenderán la ventaja del trueque. 
¿Y yo? ¿Superaré mi fobia a los parques infantiles? Quizás les tenga tanta aversión porque no tuve una  socialización temprana. ¿Soy demasiado individualista? O es que pretendo proteger a Bruno de posibles luchas y batallas sobre los derechos de propiedad de un coche, de un rastrillo, de una pala... ¿Excusas? Creo que esta labor se la voy a encomendar a mi queridísimo.









viernes, 24 de junio de 2011

Tratando el lenguaje retórico: "El señor moreno."

Comunicarse es un esfuerzo por transmitir la propia subjetividad, para lo cual la simple palabra no alcanza y por eso recurrimos a ironías, metáforas, eufemismos, disfemismos...etc. Los poetas lo hacen de manera sencilla y simple; nosotros...las madres y los padres como podemos. Por ejemplo, como nos ocurrió el otro día con nuestro pequeño parlante al ver a una persona de color, en concreto un africano. Asustado y huidizo corrió a esconderse entre mis piernas, (al igual que si hubiera vista al "Capitán Painty" personaje secundario y pirata real, en la serie de dibujos Bob Esponja, al que le tiene auténtico pavor). Rápidamente su padre y yo quisimos de una forma suave y decorosa trasmitirle un significado mucho menos malsonante y metafórico, que si hubiéramos dicho: "Es un negro", (que a pesar de que sería lo correcto, sin embargo no deja de ser una expresión "políticamente poco correcta o aceptable". Y más, si se corre el riesgo de sufrir daños colaterales o pedagógicamente paralizantes, terroríficos e incluso sobrecogedores para su posible desarrollo cognitivo derivando en algún tipo de fobia hacia la raza negra por relacionarlo con algo malo, desagradable u horripilante).
Así que bajo la intención de utilizar una expresión un tanto cómica. Tratando de sustituir la palabra "negro" por una menos peyorativa a los oídos de Bruno para que entendiera, que el hombre no era, el "Hombre del Saco"(¿Por qué esta acepción es masculina?; ¿Por qué no es la mujer del saco? ¿Os dais cuenta que también en este tipo de lenguaje se utiliza la categoría sexo para estereotipar roles? Deformación profesional a parte, sigo con la anécdota), ni "El Bute", ni "El monstruo de los ojos verdes"... Era más, un intento de desorientar hasta que entienda realmente que hay personas de diferentes razas y culturas. Con lo cual, lo único que se nos ocurrió fue utilizar un eufemismo lo más políticamente aceptable para evitar una realidad que aún es difícil entender para nuestro pequeñajo.
"Bruno, no te asustes." Dijo el padre. "Es "El señor Moreno", que quiere jugar contigo. Mira, trae un elefante, unas pulseras, jirafas..." Sin darnos cuenta, le estábamos describiendo al mismísimo rey Baltasar. ¿Será el rey Baltasar un futuro candidato a sufrir una discriminación por razón de raza por parte de mi retoño? No lo creo. En este caso, seguro que no le importa del color que sea, (aunque a casi tod@s nos gustaba más sentarnos en el regazo de Melchor o Gaspar; ¿por qué sería? ¿A caso, en esas edades todos/as los niños sufrimos algún episodio de miedo, extrañeza o simple curiosidad a la raza, o al diferente? Pues me da a mí que si. De hecho, a mi me sucedió cuando tenía 4 años. Aunque más que miedo, lo que me produjo fue admiración. De echo así se lo manifesté a mi madre: "Mamá, Mamá, mira, un !!NEGRO¡¡". No me corté ni un pelo. Es más, aún recuerdo el cogotazo que me lanzó mi madre por no ser POLÍTICAMENTE CORRECTA). 
En fin, comienza a abrirse todo un nuevo horizonte por explorar: "el mundo del lenguaje y la estructura del discurso". Donde poco a poco los eufemismos sobrarán para dar paso a las respuestas a preguntas  con contenido comprometido. Y que con el paso de los años irán subiendo de grado en cuanto a  las posibilidades de argumentación y recursos lingüísticos, o no. Empezando por la más pueril: ¿Quienes son los Reyes Magos? Para continuar con la más atrevida, pudorosa e incluso tabú para muchos padres y madres: ¿Cómo vienen los/as niños al mundo? ¿Qué es el pene?
Deseosa estoy por contestarlas a todas ellas. ¿Cuáles serán mis recursos?

martes, 21 de junio de 2011

Exquisito Espectador

Llevamos 15 días escuchando el mismo CD: "Canciones infantiles de toda la vida." !Quién me mandaría a mí! Tuve la "brillante idea" de llevarme el disco al coche, para que el canijo de las foles tuviera también la posibilidad de escuchar su música, y no someterlo a mi dictadura automovilística-musical (sólo se escucha R3). Además, intento, (junto con la sufrida tortura de escuchar más de 5 veces el mismo CD en un trayecto de 10 minutos) como cualquier otra madre mortal y sin estudios de canto, amenizar el trayecto cantando al compás de las "coplillas del cuaternario". Comenzamos con: "Mueve tu cuerpo"; "Pimpón es un mucheco"; "Los juguetes de nina"; "La pata Tomasa"; "El Sr, Don gato".; "Cucú cantaba la rana"...Y así, hasta llegar a la esperada y deseada tonadilla: "Los pollitos". Todas las mañanas Bruno, desde que ponemos el pié en el ascensor para ir al garaje, con una perseverancia machacona y cargante comienza: "mami, mami. La múcica. O pollitoooo. mami, o pollito. Mucica...."Si. Cuando escucha el primer acorde de esta canturria, la cara de mi pequeño es pura felicidad. Parece como si su boca fuera una rodaja de sandía. Se estira hasta llegar  de una oreja a la otra. Maravilloso. Y muy, muy cómico. Y lo más curioso, no se pone a berrear, ni a gritar. No, no. Al contrario: no he visto mayor bálsamo para calmar a la pequeña fierecilla. Lo único que hace es, gesticular la letra de la canción,   moviendo su boquita al unísono de cada una de las estrofas de la cancioncilla. Increíble.
Esa mañana, como otras, estábamos en el coche a punto de salir para el cole. Bruno me pide la música. Yo aún estaba en la fase de reseteo y por tanto, con pocas ganas de cánticos, canturreos, ni gaitas. Pero en un esfuerzo, y por qué no, llena de remordimiento, no había recorrido ni 100 metros cuándo comencé con el CONCIERTAZO MATUTINO. (Vamos, que tiemble la Amy Winehaouse. Si me llevara de corista, ya tendría una razón justificada para drogarse).Pues haciendo el esfuerzo, me puse a cantar. Aunque más me hubiera valido callarme. Justo a la altura de la última rotonda antes de llegar al cole. Justo cuando, mis cuerdas vocales estaban ya calientes y mi voz parecía no tanto el sonido de un motor cascado, sino de algo más parecido....¿ a un loro? Bruno, con una voz pausada aunque eso si, llena de reproche y hartazgo me dice, con todos sus pulmones: "MAAAAAMIIII, DUELE  CABEZA"...
Mi único espectador y me salió EXQUISITO...

domingo, 5 de junio de 2011

Bruno, ¿y mamá que hace?

Aunque parezca mentira los/as niños comienzan a adquirir los estereotipos de género casi al mismo tiempo que toman conciencia de su identidad de género. Casi todas las niñas y niños, a los dos años y medio tres, tienen un cierto conocimiento de los estereotipos de género. En mi caso, el "canijo de las foles"está destacando precozmente en estas lides, estableciendo diferencias en el rol de género de papá y el de mamá. La otra mañana, sin ir más lejos, lo dejó bien claro.
Mi churumbel, cuando despierta, lo primero que hace, es lanzar,(al igual que Tarzán cuando llamaba a los animales en la selva para que acudieran en su búsqueda,- Bruno de los monos, le voy a llamar de aquí en adelante-), con una pose repanchingada: piernas en alto, intentando tocarse con las puntas de los dedos de sus manos la punta de sus pies y, por supuesto, el culo en pompa, (con esa postura: ¿quién es capaz de gritar a pleno pulmón? Antes se te escapa otra cosa. Y no precisamente un chillido. Y menos, por la boca), para soltar con toda la fuerza que la Naturaleza y la Genética le han dado: "Ma-maaaaa-aaaa", bajo la amenaza de comenzar un bis de su palabra predilecta: "Ma-maaaa-aaaa. Ma-maaaa-aaa..." -A una, no le queda más remedio que apresurarse a contestar sino quiere sufrir daños colaterales, físicos irreversibles...- Para cerrar su boquita, aproximadamente.....3 segundos. De los cuales, dos, los invierte en pensar: "¿Dónde estará Papi?" Y de nuevo, comienzan los berridos: "Paaaaaapiiiiii. Papaaa-aaa."
Repuesta del susto y comprobando una posible minusvalía en el tímpano, le digo al Niño "Aullido": "Papi. A trabajar". Lo curioso de soltar esta tipo de frases a tú hijo de 20 meses es comprobar su reacción de lo expresado con el interés claro de camuflar "se fue", por "trabajar", bajo el que no se esconde ningún interés, al menos consciente, de estereotipar el papel del padre. Simplemente se trata de una estrategia de disimulo para que el niño no monte el numerito a las 7:00 de la mañana por que Papi se marchó y no se despidió. ¿¿Llorará?? ¿¿Gritará hasta desgañitarse buscando a Papá?? ¿Lo ignorará? La reacción de Bruno, pacífica, inerme e inocua. Indiferente ante tal cuestión de tan enorme calado social: "Papi no eeeetá. E fue a tabajaaa".
Comienzo a vestirlo. No conforme, de nuevo pregunta: (ahora estamos en la fase: todo se repite y todo se pregunta. ) "¿Y Papi?" Le contesto: "A trabajaaar".
De repente, me pica la curiosidad y decido preguntarle: "Bruno, ¿y mami que hace?" No podía creer lo que estaba oyendo. -Las teorías sobre Psicología evolutiva y construcción  de roles de género estaban empezando a reflejarse.- Empecé por notar un sudor frío. Mis globos oculares comenzaba a tomar relieve y salirse de las órbitas. La vena del cuello se iba hinchando. El color de mi cara, rojo encarnado. Todo un poema. Mis manos, en la cabeza al compás de un chillido reprobando mi asombro, estupor, pasmo e impresión por lo que mi Rey de la Selva acababa de soltar por su párvula boca con total rotundidad: "¿!!!Mami, mamita¡¡?? A tendé, baré y fegá..." 
Ya las tragedias griegas lo advertían: el fondo común de lo trágico siempre estriba en la lucha contra un destino inexorable. En definitiva, ¿es inevitable la construcción de la identidad de género bajo los estereotipos tradicionales del género? 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...