viernes, 11 de octubre de 2013

EL FANTASMA CUTRE


Se acerca Holloween. Y qué mejor momento para contar una historia, de esas, fantasmagóricas. Pero no se me asusten, que en esta historieta ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. Aquí el ectoplasma es, CUTRE. Y por cutre se entiende desaliñado, tanto, que despierta compasión por estar desprovisto de todo fundamento terrorífico. Es un pobre fantasma, torpe, uraño y atontado; sin esa garra que identifica a un superfantasma.

La visión quimérica de origen celta, lo que avala su antidiluviana identidad, pertenece a esa casta de fantasma de mala calidad, de serie B, de cutres desposeídos de sábanas blancas, carentes de espeluznantes y escalofriantes ojos negros, que se distinguen por la indiscreción y el mal gusto. 

El cutre fantasma es un outsider del inframundo. Lleva sábanas tuneadas a veces y otras, las mimetiza adoptando la apariencia de seres u objetos bien, por afinidad o por un extraño apego. En nuestro caso, el cutre fantasma porta unas sobrecogedoras y aterradoras sábanas de Bob Esponja, (ahora es cuando ustedes ponen cara de pánico y dicen: oooooh qué miedito!!), lo que le da un porte nada dantesco pero sí, ridículamente chigorotero. Sus ojos son verdes. ¿Por qué? Pues por lo que me cuenta, se debe a un extraño fenómeno conmutativo, es decir,  los ojos verdes es un indicador de estar cabreado como un cochino, y cuanto mayor es el cabreo, mayor es la intensidad de esos ojos verdes. Con lo cual, invariablemente, el cutre fantasma está permanentemente crispado independientemente de orden, tiempo y elementos. 

Un día, el cutre fantasma quiso conocer mundo; llevaba demasiado tiempo desarrollando labores de cabo furrier en aquel destartalado y encantado castillo a orillas de la vieja ciénaga. ¡Quiero tener una misión! Se decía animosamente cada vez que veía partir, con un cometido, por la ventana o por el hueco de la chimenea, a uno de ésos fantasmas de la élite blanca. Hasta que por fin, se armó de valor  y su deseo por espantar tomo el poderoso sentido de la realidad no sin antes pasar por un duro y sobrecogedor entrenamiento de truculentos gritos. Pero la genética de cutre-espectro es intrínseca e irremediablemente cutre y por ello, el grito no sería ni bramido, ni alarido, ni rugido, ni bufido, estrictamente sería un cutre chufletero y cómico "BOO!!!" 

Llevaba días pensando donde dar el terrorífico golpe: si en la habitación de un niño, escondido en un armario para mostrarse como una aparición fantasmal, o en plan poltergeist realizando ruidos y moviendo objetos. Pero de nuevo, el desánimo se apoderó de él: "soy un cutre fantasma. Nunca sería capaz de alcanzar ese nivel de espíritu paranormal. Mejor, algo más normalito." Se decía mientras se atusaba su alegórica cutre sábana.

Pensaba y pensaba donde dar ese susto de muerte. Hasta que llegó. Llegó a media noche, cuando se reúne la comunidad de espectros para repartir la inquietante faena. La elección de destino se realiza a través de un vetusto y monumental espejo donde se muestran los posibles objetivos; el cutre fantasma se acercó a echar un vistazo para curiosear toda la fantasmagórica liturgia laboral. Una vez finalizaron y cada fantasma realizó la tunelización a través del espejo, el cutre fantasma se quedo solo. Se acercó de forma sigilosa hacia el grandioso espejo no sin antes cerciorarse que ningún volátil ser inmaterial anduviera por allí. Veía imágenes de todos los lugares del mundo, casas, personas, animales, objetos  y entre todas las imágenes que se mostraban apareció una, la de un colegio localizado en una isla canaria, para más señas, Tenerife. Sus desiertas cavidades verdes se paralizaron: "Aquí. Aquí realizaré mi bautismo como fantasma." Dicho y hecho. Sin pensarlo, tunelización a través del espejo.

Allí estaba, dispuesto. Oteando objetivo. Formado y uniformado con su cutre sábana, espeluznante, de Bob Esponja, (risas por favor), y sus estremecedores ojos verdes parpadeando como luces de semáforo. Nervioso y atento para no meter la "cutre/sábana", (lógicamente no puede meter otra cosa pues, como saben, carecen de extremidades. Pero háganse la idea de que es una pata de las de toda la vida; más adelante se darán cuenta de por qué), inicia la tournée por el desierto colegio francés. Si. El colegio, era el colegio del canijo.

Levitando con porte de cutre/dandy/fantasma y con una gracia inusitada llega a la Moyen Section B, (Mediana Sección B, la clase del canijo, para entendernos. Ya saben de mi don, (ironía), con la lengua gabacha) y comienza a inspeccionar el habitáculo pensando en su fechoría para alcanzar el cenit terrorífico de la gloria fantasmo-franco-canaria-canijil. Deambulando de un lado a otro, mirando la tableau, (pizarra), el classeur (cartapacio), el banc (banco) donde el canijo pasa "pensando", (arrestado, mejor dicho) alguna vez que otra, la zona de récréation (recreo), y de repente... "CRASH, CRASH..."

"¡Por la "SANTA SÁBANA DE CASPER"! ¿¡ Qué está pasando aquí!?"

Ya les comenté que el cutre fantasma era torpe, muy, muy torpe y el propósito de pasar desapercibido, en ésta visita de reconocimiento, no pudo ser. El cutre fantasma metió la cutre/sábana, (la pata, ¿recuerdan?). Sin darse cuenta había partido el "petit parole d´parole", (el bastón de la palabra), que utilizan los canijos para parlotear, por orden y turnos, sus batallitas.

"¡Qué faena! Y ahora, ¿qué hago? " Se preguntaba agitado.

Como era bastante atontado, y el atontado por condición es olvidadizo, una vez hecha la inspección del lugar y recogido los datos para la planificación estratégica de su escalofriante plan, decidió regresar a su morada olvidando el desastre que había ocasionado.

A la mañana siguiente los canijos estaban en clase con total normalidad. La profesora, como todas las mañanas, se acercó al lugar donde guardaba el "petit parole d´parole" para entregárselo a uno de los canijos. Y de repente, "Oú est le petit parole  d´parole? Est cassé!!" (Dónde está el bastón de la palabra? ¡Está roto!) (Pido disculpas si hay algún francés en la sala; ya saben de mi don con la lengua francesa (ironía, eh!?)). La profesora y los canijos no podían dar crédito a lo que estaban viendo salvo uno de ellos. ¿Saben a quién me refiero? Si, al canijo.

El canijo, sabía todo lo que había pasado allí. Sabía quien había sido el artífice de tal desaguisado. Y sabiéndose poseedor de tal secreto, (y ya se saben que los niños eso de guardar secretos lo llevan, cómo decirlo, mal!?), lo hizo público: " ¡¡Ha sido "el fantasma cutre"!!!"

"¿Quién es el fantasma cutre, Bruno?" Le preguntaron al unísono.

"El fantasma cutre, además de cutre, es un falso fantasma." Dijo el canijo, para asombro de todos. Y añadió: , (quizás la siguiente frase les suene cinematográficamente familiar. Aunque en este caso sea el hijo quien manifieste la identidad del padre), "¡El fantasma cutre, es mi padre! Pero esto, que quede entre nosotros, eh!?.."


Ya les dije que los malos no son tan malos, ni los buenos son tan buenos.


Feliz Halloween!!   

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