sábado, 7 de enero de 2012

Una extraña...¿mutación?

Ayer me tuve que reír. Cada día que pasa me sorprende más, mi pequeño elfo.
Al igual que todos los días, me dispongo, -una vez organizada y finalizada la rutina con Bruno: el bibi, vestirlo y preparar la mochila para la guarde-, a darme una ducha mientras mi ternero termina de tomar su desayuno disfrutando de Mickey Mouse o, la rata peluda, repelente y sabelotodo.
Cronómetro en marcha, salgo dispará para el baño matutino. Dejo abierta la puerta del baño y como si  fuera un miembro de la patrulla de superhéroes de los X men, -pues he desarrollado un poder en estos 27 meses con Bruno gracias a esas noches de insomnio en las que cualquier ruido que hiciera, a pesar de estar "dormida", lo escuchaba, sí o sí-, he sufrido una mutación y lo que para algunos sería de lo más normal darse una ducha, para mí supone metamorfosearme en BATWOMAN. Me explico. Soy capaz de oír las pisadas de un insecto al igual que un murciélago. Sí. Sorprendente. Esta "mutación" la he desarrollado desde que soy madre. Poseo un sistema auditivo muy avanzado, es como una especie de sonar que me permite escuchar a mi cachorro de quiróptero en cualquier lugar de mi batcueva. 
Total, pues resulta que esta vez hubo suerte y pude bañarme con la tranquilidad que te da saber que tienes al canijo solo; o sea, en cero coma. 
Termino mi fugaz remojón. Salgo de la tina en pelota picada y me encuentro delante mío a batbaby mirándome de arriba a bajo para decirme con descaro, inocencia y el salero al que me tiene tan acostumbrada: "¡Mami! ¿Mira tu pito?"... 
Estaba equivocada. Mi mutación no la había sufrido mi pabellón auditivo; Bruno lo dejó claro.

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