martes, 13 de diciembre de 2011

CONCILIAR, ES LA CLAVE.

El pasado miércoles 7 de Diciembre saltó la noticia de un estudio sobre"El Trabajo no Remunerado y su impacto en la economía" desarrollado por la socióloga e investigadora del CSIC Mª Durán. Sobre dicho tema con el que estoy especialmente sensibilizada como mujer, madre y trabajadora, (a pesar de formar, actualmente, parte de esa nueva clase social denominada "clase desempleada"; término de gran impacto psicosocial e injusto significado desde una óptica de género), vemos como la grandes perjudicadas son las mujeres paradas o no, o con edades cercanas a la jubilación. 
En el estudio se analiza como el trabajo no remunerado se traslada al entorno doméstico y es desarrollado por las mujeres labores reproductivas y de cuidado de ancianos, niños y personas dependientes. Además, se denuncia que por él no se percibe ninguna compensación económica y no computa en las cuentas de la economía formal. 
Lo que me llamó la atención, de esta noticia, fue el subtítulo en el que rezaba: "La crisis económica, el envejecimiento demográfico y la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral pueden hacer peligrar, en menos de medio siglo, los cuidados que ahora reciben ancianos, dependientes y niños en gran parte de manos de la población femenina..." 
ESCALOFRIANTE, ¿no? Como mujer trabajadora en el espacio privado, pues soy madre y ama de casa; y del público, cuando tengo oportunidad, pienso que editoriales como estos son escandalosamente retrógrados, misóginos y parciales; que inevitablemente condenan, cosifican y normalizan el rol de la mujer al desempeño de estas tareas. La memoria histórica deja patente que esto es debido a un concepto de trabajo configurado en torno al varón como sustento económico de la familia y al que la mujer se la  encasille en el rol reproductivo y afectivo. ¿Y la variable IGUALDAD de OPORTUNIDADES en el EMPLEO? ¿Dónde queda?
Existen otras variables y otras explicaciones. El desigual reparto de responsabilidades entre hombres y mujeres en la esfera privada, la perpetuación de la división del trabajo en función del género y un déficit de servicios comunitarios de apoyo afectan negativamente a la igualdad de oportunidades en el empleo, al equilibrio social, al entorno familiar, a la calidad de vida. La CONCILIACIÓN, ¿puede ayudarnos a resolver estos problemas? 
Por tanto, el debate no sólo se ha de centrar en el impacto económico; en el PIB que supondría registrar este tipo de Trabajo. Hay que trabajar en el desarrollo de POLÍTICAS PÚBLICAS que desmonten y destruyan estas variables, que den oportunidad, en igualdad de condiciones, al empoderamiento de ambos géneros, en la vida personal y profesional. LA CONCILIACIÓN ES LA CLAVE.  
En mi caso, cuando fui madre uno de los primeros debates internos que tuve estaba relacionado con mi desarrollo profesional y por tanto, remunerado. Era seguir, o renunciar a el. Seguir en él, implicaba buscar las estrategias para CONCILIAR favorablemente, en equidad y en igualdad, la vida profesional y personal. ¿Cómo? Primero con tu pareja, si es que te da la oportunidad y tienes suerte; o segundo, practicando la delegación temprana, práctica que coexiste junto a los discursos que exhortan a las madres a dedicarse personalmente al cuidado de sus hijos, esto es, al espacio privado, a las tareas reproductivas o de cuidado. En definitiva: al TRABAJO NO REMUNERADO o INVISIBLE.
Por tanto, mi pregunta es ¿Cómo resuelven las mujeres el desafío de decidir entre los requerimientos que le impone la maternidad y las condiciones laborales? ¿CONCILIACIÓN?
Sin duda nos encontramos ante un problema que tiene un fuerte impacto en  cómo se organiza el vínculo con la familia considerando que las madres, al no cumplir con las expectativas sociales del "amor materno", sienten que traicionan los mandatos de la naturaleza, por una parte. Y de otra, se siente, en la mayoría de los casos frustradas en oportunidades en el espacio público o Trabajo Visible. 
Así que mientras el trabajo se estructure en respuesta a los intereses y objetivos de un empleado varón dentro de una estructura familiar que responde a la división sexual del trabajo (el trabajo remunerado lo desarrolla el hombre, mientras que la mujer se mantiene en las tareas reproductivas y de sostenimiento del hogar consideradas como “no laborales” y, por tanto exentas de derechos económicos, jurídicos y sociales) los discursos sobre la incorporación de la mujer al trabajo y sus consecuencias (reducción de la tasa de natalidad, alteración del modelo clásico de familia, etc.) seguirá motivando este tipo de editoriales desiguales, parciales de contenido y contrapuestos a  la búsqueda de la CONCILIACIÓN  de la vida laboral y la vida familiar.



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